Arcos de Valdevez. La magia musical del gran Júlio Pereira abrillantó notablemente la noche del último sábado de abril

Casa das Artes, Auditorio, en Arcos de Valdevez.
27 abril 2019. Más de tres cuartos de entrada.
Concierto con el genial Júlio Pereira y los tres
excelentes músicos que habitualmente le acompañan : Sandra Martins, Pedro Dias e Miguel Veras.
Conmemoraciones del 25 de abril, promovidas por la Câmara Municipal.

"Em tempos chamavam-lhe o homem dos sete instrumentos, mas Júlio Pereira, 65 anos, muito mais do que um virtuoso e multifacetado instrumentista, é um dos mais criativos músicos portugueses, explorando sempre os territórios de fronteira entre tradição e modernidade..." (MANUEL HALPERN)


Cuando meses atrás le dieron a Júlio Pereira el "premio Pedro Ossório" por ser uno de los músicos portugueses más innovadores, o cuando recientemente le otorgaron el "premio José Afonso" por su reciente album "Praça do Comercio", no estaban quienes así lo decidieron haciendo algo de otro mundo. ¡Qué menos!, bien cabría decir, ante la brillantez y el mérito que este genial compositor e intérprete tiene. Si Paco de Lucía fue un genio a la guitarra, de Júlio Pereira habría en toda justicia que decir lo mismo en lo referido al cavaquinho -por ejemplo-, ese instrumento tan portugués, en forma de guitarra pero de dimensiones mucho más reducidas y con sonido más agudo, que en orígenes dataría del siglo XVI.
Júlio Pereira, que tuvo sus orígenes artísticos en los 70 del siglo pasado, en el rock progresivo como guitarrista en una banda de claras influencias de Pink Floyd. Pero pronto abandonaría aquello para sumergirse en la música digamos tradicional, como experto en instrumentos de cuerda que siempre lo fue. Con solo 27 años, pero con una facilidad prodigiosa para captar y reflejar a través de sus melodías sensaciones mil, Júlio Pereira -que en sus comienzos llegó a tocar a gran nivel (tres discos) la mandolina- se adentra en el mundo de José Afonso, con el que comienza a trabajar regularmente. Un día se hace necesario que alguien toque el cavaquinho en una de las canciones que Afonso hacía presentes; Pereira se hace cargo del problema y lo resuelve con tal brillantez que se queda como fijo al frente del instrumento en el elenco que acompañaba a José Afonso. Y a partir de ahí, ya por su cuenta, comienzan décadas de tal brillantez y maestría en el trabajo desarrollado por Júlio Pereira que son, ciertamente, para dejar asombrado a cualquiera que tenga un mínimo de amor por la Música.
Músico veterano (cumplió ya los 65 años), genial con el cavaquinho, pero también con la mandolina, la viola braguesa... con décadas de carrera y numerosos discos publicados, habiendo participado en trabajos conjuntos con artistas internacionales de primerísimo nivel como Pete Seeger, The Chieftains, Chico Buarque o Dulce Pontes, entre otros.

Hoje somos muito diferentes do que éramos, por exemplo, no 25 de Abril. O êxodo do campo para a cidade, com todas as questões mais ou menos filosóficas e de caráter social que implica, é transportado para os instrumentos. Tenho muito prazer em tocar um instrumento musical, seja ele qual for, de uma maneira livre, sem me estar a retrair ou a canalizar para este tipo ou aquele. (JÚLIO PEREIRA)

Júlio Pereira llega ahora, felizmente, en plena forma, a la gran madurez artística. Y así lo demostró en un gran concierto ofrecido el 27 de abril pasado, en la Casa das Artes, en Arcos de Valdevez.
Fue una hora y casi veinte minutos de músicas deliciosas, de sonidos que, a través de las muy diversas fuentes en las que bebe el gran trabajo artístico de Pereira, nos transportaron a África, a Brasil, por supuesto a muy diversos rincones de Portugal, amén de otros lugares a donde la imaginación nos llevó tras alojarse en nuestros oídos la fantástica música del artista que nos ocupa.
Júlio Pereira es el gran mago de esta historia; una historia de sensaciones especiales, tremendamente agradables, originadas en la música instrumental de Júlio Pereira a bordo de un cavaquinho con el que produce prodigiosos sonidos, por veces increíbles, dada la limitación obvia del instrumento.
Como bien se destacaba no hace mucho en un programa de una radio libre vasca, el cavaquinho
fue el pasaporte de Julio Pereira al premio Grammy. Lo logró en 1997 con los Chieftains en su categoría de mejor disco folk. Aquella colaboración surgió de forma casual. “En el momento en que me llamaron, yo me resistí a tocar con ellos porque me invitaron a hacerlo con el cavaquinho y hacía varios años que no lo usaba. Pero, por insistencia de mi mánager, acepté. Nos encontramos en Bilbao, donde los Chieftains daban un concierto, y allí toqué el cavaquinho. Después fuimos a San Sebastián, donde grabamos Santiago, el disco que gano un Grammy”, explica Pereira.
Pero sería injusto asociar a Júlio Pereira unicamente al cavaquinho. En realidad estamos ante un gran músico, por encima de todo : compositor, multi-instrumentista y productor. Y, sin embargo, la gran música que crea, que interpreta, no está todo lo valorada que merecería. Es triste esto, en todo caso, dada la gran dimensión del artista que nos ocupa.

En Arcos de Valdevez, quien nunca hubiese asistido a un concierto de Júlio Pereira, tuvo razones para maravillarse. Espontáneo, cercano, amable... entre melodía y melodía, el artista se mostró sin dobleces, sencillo y sincero, simpático incluso. Claro que... no es su locuacidad lo que cuenta, sino su condición y expresividad como músico. Y ahí es de matrícula de honor. Muy bien acompañado por tres músicos de nivel : violoncello, guitarra bajo, guitarra portuguesa... Pereira se instala al frente con su cavaquinho y lo acaba bordando, sea el que sea el tema que interprete. Por cierto, formidable versión de Os Indios da Meia Praia, o aquellas Variaciones que nos llevaron a esencias caboverdianas (Sodade) para acabar en los aires de Moçambique.
Fue una noche inolvidable, la del último sábado de abril, donde la magia musical del gran Julio Pereira encendió las farolas del camino de la madrugada, iluminando el recuerdo tan grato que en las mentes de los asistentes al concierto queda.
Para Portugal es y será un orgullo tener un artista de este calibre. Tal vez no suficientemente valorado, insistimos, porque la vida de un instrumentista en comparación con otros músicos no acostumbra a ser fácil, en el universo de la música tradicional, popular, porque se da siempre más atención a los cantantes (en la Radio, por ejemplo, es lo que se emite... cantantes y no instrumentistas). Pero ahí está Júlio Pereira, para hacernos vivir momentos inolvidables, como los que nos proporcionó en su concierto de Arcos de Valdevez.

EUGÉNIO EIROA & CACILDA MACEIRA





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