Postal del día siguiente a la noche de San Xoan...

FÚTBOL Y FUEGO MÁGICO



Anoche, mi meiga me devolvió a casa a hora temprana para evitar los humos de la aldea próxima, que lo es hasta en la noche de San Xoan, cuando, en vez de hacer hogueras para quemar los diaños y saltarles por encima, queman enormes montones de rastrojos que solo sirven para tapar el cielo con humo negro y hacernos la puñeta a los que pasamos de la edad para ciertas cosas.
Así que, por aquí, ni sardinas ni muiñeira ni fiesta… solo humo de cañotos armoniosamente colocados para arder y recubiertos en la cúpula por las yerbas malas arrancadas a mano en la leiriña.

Es curioso, pero esta noche pasada comenzaron a ahumarnos todos a la vez, justamente cuando terminó en la tele el Suiza-Alemania, con un inesperado empate, aunque los germanos siguen siendo favoritos para ganar la Eurocopa.
 


La noche meiga, la de San Xoan, es apoteósica en A Coruña donde los ciudadanos compran un trozo de playa por un día y una noche… sin pasar por el notario. Riazor se parcela como si fuera una urbanización y en cada espacio planta cada familia un montón de leña buena, de la que arde sin hacer demasiado humo, porque la paga el ayuntamiento. Hay gaitas sonando y cantos populares hasta que, a las doce, ingerido el churrasco y las sardinas, comienzan los ritos de todos los años, desprotegidos, sin meigas, que ellas se van siempre en busca de lo auténtico a los montes que circundan Compostela, en donde las creencias siempre están por encima de la juerga.

Ya sabes, A Coruña se divierte y Santiago reza.



Lo peor de todo fue esta mañana cuando las brigadas municipales se encontraron con la playa llena de basura a diestro y siniestro. Servilletas y manteles de papel, espinas de sardinas, huesos de churrasco, ceniza que aún volaba pese a la calma del amanecer…

Aquí no estamos ni en Japón ni en Nigeria; ya sabes, una vez que terminó el partido entre ambas selecciones los aficionados de uno y otro país se dedicaron a limpiar las gradas y dejaron impolutos los espacios que habían ocupado.

Una lección que los europeos jamás aprenderemos y mucho menos los gallegos.

Xerardo Rodríguez
Imágenes : Galicia Única