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En la muerte de Ángel Villar Blanco. Sentimientos y sensaciones de un nieto

CANGAS .- A medida que han pasado las horas desde su fallecimiento, tal y como se refleja en otro apunte sobre el particular publicado antes aquí, en RBT, crecen los sentimientos de pesar profundo en Cangas do Morrazo por la muerte de Ángel Villar Blanco. Nos llega también, un breve pero muy emotivo perfil, desde uno de los nietos del fallecido, Alfredo Costas Villar, con el ruego de su publicación, cosa que con el mayor agrado hacemos. Dice así :

Te has ido y yo ya no te encuentro; estaré detrás de ti cuando te haga falta un susurro, si me necesitas yo estaré dándote mi mano como he hecho estos dos años a tu lado, cuidándote.
Se va mi héroe, mi llanto, mi rabia en muchos momentos; se va la poesía que susurraba y surcaba los mares.
Se va una de las personas que ha dejado una huella imborrable en muchas personas; se va un hombre humilde, bondadoso, lleno de energía y de amor hacia los demás. 
Se va mi parte más bondadosa, mi parte tierna, mi alegría en los días de lluvia. 
Me dejas una vida entera; 21 años después me despido dándote la mano, viendo tus ojos, tu mirada, tu temple, tus caricias, tus abrazos y tus besos. 
Me dejas tus pasos; aquellos que siempre diste y me iluminaron. 
Mañana : el sol saldrá al amanecer, la luna en la noche; sé que tú estarás ahí siempre iluminando.
Ojalá la Vida te de siempre el mayor de los recuerdos porque has sido mi padre y mi abuelo, mi amigo y compañero. 
Te quiero por y para siempre; no te olvidare jamás porque tú nunca te diste por vencido y lo intentaste y pudiste contra toda adversidad presente. 
Deja fluir siempre tu nombre y tu apellido, tu signo, tu sonrisa por encima de todo y lo más preciado. Orgullo de llevar siempre tu legado en mi.
Hasta siempre, mi héroe.

Foto tomada a mediados del siglo pasado. Así era en Cangas, el llamado "Muelle de 
Comercio", también "Muelle de la Marquesina". Vemos ahí un barco de pasajeros, el llamado 
"Villa de Rianxo", de la compañía Marítima Viguesa, regentada por la familia Cardona. 
A la izquierda, sobre el muelle, vemos apilados materiales de construcción, sacas de cemento... 
que llegaban en los balandros de entonces que Cangas tenía : el balandro de Antolín -más 
modesto-, el balandro de Anacoreta -más lujoso-. Transportaban bienes desde Vigo a diario 
para Cangas. Y en algunos de sus viajes, los ladrillos, los cementos, los botes de pinturas... 
que Ángel Villar luego vendía, en su almacén primitivo situado en la calle ahora llamada rúa 
Torre do Galo, o sirviéndolos directamente desde el propio muelle de Comercio, transportados 
en furgoneta, hasta las obras que lo demandaban... Así era el trabajo de Ángel Villar, en sus 
primeros tiempos como industrial del sector de la Construcción, trabajando muy duro.
Con su muerte se avivan los recuerdos de aquel Cangas tan diferente, tan primitivo, tan
emprendedor, aunque tan entrañable siempre, como el actual...



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