Historias que emocionan ) Muere el perro de "Vivamos como Galegos!" y se disparan los recuerdos en mucha gente...

No se si con  la edad nos volvemos más sensibles, nos afectan más estas cosas... En mi caso, lo tengo muy claro : ese perro del que hoy hablan los periódicos, el perro auténtico de raza "can de palleiro" que protagonizaba los anuncios de Gadis... ha muerto. Ese perro tan apreciado siempre me recordó a otro de su raza, un perro inmejorable que tuvieron mis padres en su finca de Cangas, al que me tocó asistir en sus tiempos finales y en el siempre lamentable día de su muerte. 

Hoy, los periódicos, "la Voz", habla de "Fusco" -también llamado "Allo"-, el perro artista, el perro que ayudó a hacer más cercanos, más entrañables, los anuncios de "Gadis". Hablan de que "Fusco" ha muerto. Y claro, inevitablemente, me acuerdo de "Rus", del perro que mis padres tenían en Cangas. Porque era de la misma raza que "Fusco", porque tenía gestos idénticos, porque se parecía un montón.

"Rus" fue un perro feliz, con una finca lo suficientemente grande para andar por ella en libertad diariamente y hacer lo que le venía en gana : poner los gatos en fuga, por ejemplo. Fuera de este defecto y de meterse cada dos por tres en el pequeño gallinero que mi madre tenía, era muy obediente, muy respetuoso diría, muy bondadoso siempre... A mi padre se lo había regalado, siendo un cachorro, un señor que trabajaba en una industria de congelados, en donde descargaban buques de pesca de altura frecuentemente, incluso con bandera de otros países. En razón a ello, a mi padre se le metió en la cabeza que ese perro había venido en uno de esos barcos congeladores y que siendo de aquel pelaje venía de un país próximo a los polos... por lo que acabó por llamarle "Rus".

Un día, años después, mostré a mi padre detalles, fotos, datos... que evidenciaban que el tal "Rus" era un ejemplar auténtico de la raza que se estaba empezando a recuperar en Galicia, la denominada "can de palleiro". Se resignó a olvidar su vieja teoría sobre la procedencia del animal y como hombre muy inteligente que era... a admitir que tenía en casa un perro de raza... gallega.

Pero aquello tampoco hizo que mi padre aumentase su consideración por el animal. Lo respetaba, lo trataba bien, pero nunca mostró por el un especial entusiasmo... "Rus" estaba en la finca, se acurrucaba a veces a la puerta de la vivienda de mis padres, en el porche de casa, pero... de ahí no le dejaban pasar. Con todo, su vida era de lo más feliz : iba, venía, corría, tenía una zona de la finca en donde hacía siempre sus deposiciones, su caseta de cemento y ladrillo...un perro sin problemas de ningún tipo, bien alimentado.

Pero yo siempre dije que aquel perro era más que un perro; encerraba elementos muy positivos en su conducta; transmitía una bondad innata; aunque a partir de determinado momento de su vida, montaba unos follones de padre y señor mío (ladrando subido a la terraza del garaje), cada semana, cuando yo iba a ver unas horas a mis padres y...terminada la visita retornaba a Vigo. Cuando el perro veía que se abría la puerta de casa, que mis padres me acompañaban hasta el portal de la finca para despedirme... el perro empezaba a ladrar como un loco, asomaba la cabeza por los balaustres de la terraza del garaje para ver mi coche estacionado cerca, seguía ladrando como un loco... nunca quería que yo me fuese.

Así fue siempre desde que una vez, cuando tenía 6 o 7 años (llegó a vivir 18)... se había escapado. Aunque lo buscó por todo Cangas durante varios días, mi padre llegó a darlo por perdido... Mes y medio sabe Dios por donde... Una mañana, mi padre fue al jardín y vio que en la puerta de la calle estaba adosado y tumbado un perro... Pronunció su nombre...

---¿Rus, ¿Rus?...

Rus no se movía... estaba como exhausto, más delgado, pero ante la presencia de mi padre abriendo el portal, Rus se incorporó... pero no movía el rabo como otras veces. Bastante tenía con lo que llevaba encima... estaba lleno, practicamente lleno de garrapatas... ¿Cuantas? : muchísimas, demasiadas... de sobra para enviar al animal al otro barrio, máxime cuando llevaba tantos días errante...

Me llamó mi padre para contármelo y le dije no hagas nada, espera que esta tarde yo vaya y....  Hablé con la veterinaria de confianza, una gran amiga, que me dijo hay que quitarle todo eso con paciencia, no dejar ni una, desinfectarlo luego muy bien y rezar... porque lo probable es que con tantas y tanto tiempo errante, le habrán inoculado lo que le puede llevar a un desastre. Me facilitó el producto con el que debía actuar, me recomendó los desinfectantes para después y...me deseó suerte.

A las tres de la tarde, en el patio de cemento de la finca, monté sobre una caja la mesa de operaciones. Frasco pulverizador... mi madre ayudándome, con unos guantes de goma también, abriendo el gran pelaje del animal, para detectar los lugares en donde estaban agarradas y gordas la mayor parte... yo aplicaba un chorrito de aquello (creo que se llamaba "Front Line") a cada garrapata... y al cabo de unos segundos, o caía directamente al suelo la garrapata, o con el dedo engomado y una pinza para empujar yo la despegaba con cuidado de que no se reventase aquel abdomen, engordado con tantos días de hospedaje en el cuerpo del animal... Así, una a una... yo creo que bastante más de treinta garrapatas conseguí retirarle al animal. A medida que caían o se las retirábamos, iban directas a una pequeña hoguerita con alcohol que habíamos preparado al lado en el lugar... Luego, al perro, tras retirar cada garrapata, en el mismo lugar lo desinfectábamos con alcohol, agua oxigenada y, como final, un toque con betadine. Métodos caseros pero que resultaron eficaces... complementados con un super-baño a conciencia al día siguiente y un nuevo repaso de todo el pelamen de "Rus" por si aún quedaba alguna que el día anterior no hubiésemos visto. Y quedaban... dos, a las que aplicamos lo mismo que a sus hermanas de camada : chorrito de insecticida y hoguera final.

1.- El perro nunca más volvió a escapar de la finca.

2.- El perro, a partir de ahí, si ya era un ser vivo tremendamente agradecido, no quiero ni contar la devoción que pasó a tener por mi... tremendamente aliviado debió quedar aquel día. De ahí que desde entonces pasase a montar aquellos follones de ladridos cada vez que yo ponía fin a las visitas semanales -o cuando fuesen- que al lugar hacía... Ahora bien : si yo le reñía por aquellos escándalos (que no eran otra cosa que muestras del agradecimiento eterno que siempre mostraba) y le decía : ¡venga, vete al patio, a tu caseta!, el dejaba al momento de ladrar, encogía el rabo y se iba a meterse en su caseta en el patio lateral trasero a la casa...

Bien, los años fueron pasando tras aquel episodio. La relación de mis padres con el perro, inalterada, fue la correcta de siempre... hasta que un día sucedió algo inesperado.

Era una noche de temporal, gran temporal invernal del sudoeste, que en Cangas atiza bien. Viento, lluvia... Mi madre estaba en casa y mi padre en el garaje muy cercano a la vivienda; mi padre ocupado en hacer, como tantas veces, algunas manualidades (allí tenía un auténtico taller). El garaje situado en el patio interior en la finca y muy cercano a la casa, tenía al lado un tejadillo saliente, como un cobertizo, bajo el cual estaba un cajón grande de madera que habíamos fabricado entre un sobrino y quien esto escribe, para allí situarlo en vez de la vieja caseta fría y pequeña de cemento y ladrillo. "Rus" ya habitaba su nueva casa... y gustaba de estar allí, con las patas delanteras y cabeza asomando... para ver de frente, el portón trasero abierto del garaje y así estar en comunicación visual con lo que mi padre hacía en interior de aquel su taller particular...

Aquella noche, esa era la escena. El perro, en su caseta, viendo lo que a unos metros, en el garaje hacía mi padre... La lluvia a mares encima de aquel tejadillo, el viento soplando... y mi madre en casa haciendo la cena. Cuando esta ya estaba preparada, mi madre, como tantas veces en su vida, se asomó a la ventana que daba al patio inmediato al garaje...

----¡Eugeniooo... la cena está lista!. ¿Me oyes?

----Te oigo pero ahora estoy soldando una cosa y no puedo ir... déjame la cena tapada encima de la mesa de la cocina.

Mi madre, otra vez más -no era la primera ocasión de una situación así- cerró la ventana y murmuró...

----Este hombre no tiene arreglo, con la que está cayendo y ahí a la humedad y el frío en el garaje y encima no viene a cenar... En fin...

Ella cenó, tapó la comida de su marido y se fue al salón, a ver la tele, mientras en la chimenea se iban consumiendo los leños uno tras otro... Al calorcillo de aquello y tras haber cenado, con la tele encendida, mi madre se quedó dormida... tal vez hora y media -según luego contaría-. La despertó una serie de fuertes ladridos del perro, empujones a la puerta de casa, en el porche...

Abrió mi madre la puerta de casa, riñendo al perro....

----¡Pero qué ladras, estás loco... todo mojado además, vete a tu caseta hombre!

Pero el perro no se iba de la puerta de la casa.... ladraba cada vez más y saltaba, incluso empujaba, como queriendo llamar la atención de mi madre. Así hasta que comenzó a correr hacia el patio, hacia la puerta trasera del garaje donde mi padre se hallaba... Iba y venía, iba y venía... entonces mi madre, atónita, se dio cuenta...

---Parecía como si quisiera indicarme algo, como si me dijese sígueme...

Mi madre cogió un paraguas, siguió al perro, atravesaron el jardin, bajaron tres escalones de piedra y ya estaban en el patio del cobertizo, que daba a donde estaba la caseta del perro y... a la puerta trasera abierta del garaje que estaba enfrente... Mi madre no daba crédito : mi padre estaba caído, en el suelo del garaje estirado allí sin poder levantarse... (entre su edad y una prótesis de cadera que ya portaba hacía unos años...imposible levantarse por si mismo)... Hasta allí, hasta aquella escena, condujo el bueno de "Rus" a mi madre...

---Ya podía yo estar muerto que ni te enterabas... sabe Dios el tiempo que llevo aquí tirado en el suelo, grité, te llamé varias veces... pero ni caso....

---¡Qué quieres...!, yo no te escuché, yo me quedé dormida, no viniste a cenar, me puse a ver la tele y me he dormido... ha sido el perro el que me ha despertado, casi echa la puerta abajo a empujones y ladridos...

---O sea que si no es por el perro, me quedo aquí tirado toda la madrugada... Encima el perro, no paraba de venir a lamerme... estoy lleno de lamidos del perro, ya me puedes luego desinfectar, me ha lamido un montón de veces todo, cabeza, cara, manos, todo... 

Fue entonces cuando mi madre fue, en medio de aquella galerna, a buscar a un vecino calle arriba, cuando ya eran las doce de la noche... para que viniese con ella al garaje y la ayudase a levantar a mi padre del suelo. Para entonces, mi padre ya había ideado cómo podían levantarle... mandó que pasasen una cuerda gruesa por una polea que allí tenía colgada del techo, que le atasen la cuerda por debajo de sus brazos y que fuesen izando poco a poco tirando de la cuerda a través de la polea... Dicho y hecho. Una vez levantado del suelo, lo primero que hizo mi padre fue ir a casa y el plato de carne asada y patatas que tenía ya frío y tapado en la cocina,  dárselo como premio al perro, al tiempo que le acariciaba la cabeza...

Desde aquel día, el pobre "Rus" pasó a merecer la consideración más especial por parte de mi padre. Y todos los días, mi madre era interrogada siempre puntualmente :

---¿Ya distes de comer al perro?.

El "Rus" era un perro tan especial que cuando yo iba a la finca de Cangas acompañado por otro perro inolvidable, "Quico", ambos comían juntos y al mismo tiempo en una misma cazuela el arroz con carne que les preparaba mi madre. Hasta ahí llegaba su bondad, su compañerismo, su generosidad...

Hoy, la muerte de "Allo", o "Fusco", el animal que valía por dos -como dice La Voz de Galicia-, el perro que nos enseñó a presumir como galegos, me trae inevitablemente el recuerdo de "Rus" y de las muchas más anécdotas que sobre su comportamiento podría contar. Rus era como "Allo", bonito, listo, sorprendente... idéntico parecía a la estrella canina de la campaña de "Gadis", Vivamos como galegos!...

Fusco murió  con 14 años casi 15, "era muy inteligente, intuitivo, con una gran capacidad de adaptación y con el don de sanar con la mirada», recuerda Octavio Villazala. Visitó «todos los colegios habidos y por haber» en la provincia de A Coruña, recibió un premio de la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas de España, trabajó en la serie Fariña y sanó con su presencia a muchos niños de las plantas tercera y sexta del hospital materno de A Coruña, recuerda hoy "La Voz de Galicia"
«Fue mi amigo, el que me acompañó cuando tuve el primer cáncer, y en el segundo cáncer, en los momentos más duros de la quimioterapia, cuando yo me sentía morir. Fusco fue mi confidente, mi paño de lágrimas, mi amigo y mi maestro», destaca Octavio Villazala, que está recibiendo el abrazo de miles de muestras de afecto de toda España.


Imágenes de Octavio Villazala - ( Facebook


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