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Trenes. Anticipan el final funesto de la línea de viajeros al norte de León

A la Renfe le importan poco los pueblos, el servicio de antaño, el servicio público. Los que dirigen la empresa (tras la que está el Gobierno del Estado) andan embadurnados en unas filosofías de beneficios para la empresa al precio que sea, que se convierten en amenazadoras para lo que antaño era el servicio ferroviario, para lo que llamamos el tren convencional. 

Parece que, como mucho, solo las capitales de provincia y las ciudades o poblaciones importantes tienen derecho a que allí pare el tren. El resto de las poblaciones, de los pueblos, a la vista está, condenadas, hoy una, mañana otra, a ir cerrando despachos de billetes, luego estaciones, luego ya ni la parada del tren en el lugar... No es un caso, son muchos, continuados... 

Hoy llega desde el "Diario de León" otra llamada de socorro, otro grito a la desesperada... De nada servirá. No hay Gobierno que realmente imponga a Renfe lo que debería de ser. Solo hay Gobierno para cortar cintas del AVE (no importa si Gobierna la Derecha de Álvarez Cascos, De la Serna o Pastor, si Gobierna el PSOE de Pepiño Blanco o Ábalos...), el resto, como dicen los portugueses, é treta...


Por Luis Urdiales )

La vida de la línea de tren a Asturias acabó como acaban muchas cosas en León. El cierre de las dos de las estaciones que resistían las embestida de la crisis y la despoblación certifica la liquidación de este cauce, antes populoso y fluido, ahora pasto de los andenes vacíos y convoyes que pasan veloces, seguros de que la próxima parada queda lejos. Busdongo y La Robla alimentan la muerte de la línea de tren entre León y Asturias para el servicio de viajeros.

Un destino que parecía inevitable, y que se anticipa dos años, al menos, al horizonte de la apertura de la Variante. No por esperada, la sentencia desahoga el resultado para las comunicaciones ferroviarias en León, en un valle en el que el tren fue motor de un milagro social y económico a la altura que pocos fenómenos llegaron a alcanzar en la provincia leonesa.

El cierre en Busdongo tiene un halo conmovedor, por lo que representa esta plaza en el desarrollo ferroviario del norte de España, dintel de la puerta que abre la vía a la Rampa de Pajares; desde el siglo XIX, la estación de Busdongo mantuvo el vestíbulo de par en par, con calefacción para viajeros y el acomodo que merece el usuario del servicio público que se subía al tren. Cinco grados bajo cero en el termómetro que cobijan los andenes son suficiente motivo para acabar con la paciencia de la espera de los trenes, que circulan ajenos.

Como el Alvia por La Robla, con viento de cola sobre el cartel que anuncia que, por motivos del covid, no se dispone de horarios para los viajeros. Nadie le esperaba de puertas afuera de la estación roblana, otro símbolo de la conexión más floreciente del tren en León, que sucumbe a la inclemencia de la ruina en la pirámide poblacional, principio y final del círculo de razones que han acabado con el acceso al edificio.

La Robla y Busdongo son las dos últimas sartas de un rosario que refrenda el vaticinio del fin que anticiparon La Pola de Gordón, antes la Tercia, y luego el bajo Bernesga. En esa situación de abandono de la línea de tren, parece que no hay visos de hacer realidad la promesa de reabrir la estación gordonesa, el arreglo de la cubierta con la teja original que debe amparar a un edificio histórico. Bernesga arriba y abajo se oyen y se ven pasar los trenes, entre estaciones cerradas. El fin de ciclo que anticipó la Variante, aún sin acabar.


Cuando el Tren paraba en Busdongo... (Imagen antigua de una unidad-tranvía ("Vivir el Tren"



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