"Me lamentaba de que no tenía zapatos, hasta que me di cuenta de que otros no tenían pies..."

Hemos sabido de la situación en la que se encuentra Alejandro Gómez.
Apenas poco después hemos sabido de lo que padece Juan Carlos Unzué.
La desgracia, la enfermedad implacable, se hace presente en los conocidos.
Pero... ¿cuántos desconocidos no la estarán también sufriendo?.
Es la cara amarga, tremendamente dura, muy cruel de la Vida.

Cuando se muere, en circunstancias similares a aquellas, un ser querido, un amigo del alma, pensamos que ya está, que ya sobra, que se ha cubierto el cupo. Pero resulta que no, que es un goteo, un cada día... de conocidos y desconocidos, pero es un goteo diario... Y en el ir y venir, en el solo detenernos en nuestro goce y disfrute de la Vida, no reparamos -o no queremos reparar- en lo mucho que otros, sus familias, sufren...
Comentando estas cosas con alguien que para mi representa mucho, esta persona me decía :
--Es lo que yo digo : me lamentaba de que no tenía zapatos, hasta que me di cuenta de que otros no tenían pies...
Y vale esta frase, como lección, como aprendizaje constante para valorar lo que, afortunadamente, tenemos; sea mucho o sea poco, pero tenemos.
"La Salud es lo que importa", era el título bien elocuente de un programa que, en aquella formidable y excelente cadena de radio "Antena 3", creada por el legendario Manuel Martin Ferrand, presentaba el doctor Bartolomé Beltrán.
Tener Salud, ir capeando los temporales de la Vida, es lo más importante; sin duda.
Hacernos eco de las muy tristes situaciones que viven dos deportistas famosos, Alejandro Gómez y Juan Carlos Unzué, es una obligación cara a la Sociedad, al igual que ellos han querido que la Sociedad supiese de lo adverso del vendaval que sacude sus vidas. Porque situaciones así deben, a los demás, movernos a la reflexión, a contar hasta cien, hasta mil, antes de protagonizar situaciones, hechos, que -si lo pensamos bien- en modo alguno protagonizaríamos.
De la desgracia ajena debemos de aprender, tratando, cada día, de ser mejores.
Y por supuesto, más solidarios.

EUGÉNIO EIROA

Juan Carlos Unzué

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