Las altas tasas de letalidad sugieren fallos en la vigilancia y una subestimación de la pandemia por COVID-19

Las altas tasas de letalidad sugieren una subestimación de la pandemia por COVID-19 y fallos en la red de vigilancia epidemiológica

La letalidad es un indicador que depende de la capacidad de identificar casos y muertes, y por lo tanto sintetiza dos elementos cruciales de un proceso epidémico: la magnitud y el impacto. España presentaba a 18 de marzo un total de 11.178 casos de la COVID-19, con una letalidad de 0,04. Este indicador refleja una gran diferencia respecto a la mayoría de países europeos que, salvo Italia (con una tasa de 0,08), Inglaterra (0,03) y Francia y Polonia (0,02), presentaban una letalidad en torno al 0. Esta alta tasa de letalidad en España y las diferencias entre las comunidades autónomas sugieren una subestimación de los casos y señalan la necesidad de reforzar y coordinar la vigilancia epidemiológica y la detección de casos en nuestro país.

Es una de la principales conclusiones de un estudio ecológico que acaba de publicar en la revista GACETA SANITARIA un grupo de la Universidade Federal da Paraíba en Brasil y del Observatorio de Salud y Medio Ambiente de Andalucía. El trabajo ha analizado variables demográficas, de gasto sanitario y de características de los servicios junto a las tasas de incidencia, mortalidad y letalidad por COVID-19 de China y de los países de la OCDE con más de 200 casos confirmados a 18 de marzo de 2020. Otra de sus principales conclusiones es que existe una gran heterogeneidad entre los países en cuanto a los indicadores incluidos en el estudio.

El país con mayor incidencia de la COVID-19 a 18 de marzo fue Islandia, que, con un total de 247 casos, presentaba 74,40 positivos por cada 100.000 habitantes. Sin embargo, su tasa de letalidad fue de 0. Se da la circunstancia de que también es el país que, con diferencia, realizó más tests de COVID-19 entre su población, con un total de 26.772 pruebas por cada millón de habitantes. Islandia pertenece también al grupo de países europeos que comenzaron a registrar y comunicar los casos de forma más reciente.

La mortalidad y la letalidad por COVID-19 en los 28 países estudiados no se asocian con variables demográficas, de gasto sanitario ni de los servicios sanitarios. Los países que tienen una mayor proporción de personas mayores y un tiempo de epidemia similar deberían presentar una tasa de letalidad parecida. Sin embargo, la tasa de letalidad de España supera con creces a la de Alemania, que es de 0,002, teniendo ambos países una proporción de personas mayores de 65 años en torno al 20% y un tiempo de epidemia de aproximadamente 50 días desde la detección del primer caso. Las diferencias en la letalidad pueden justificarse en caso de diferencias en el perfil de las poblaciones, los factores socioeconómicos y ambientales, o el acceso a la atención sanitaria. Sin embargo, la mayoría de los países analizados tienen características muy similares, lo que no justificaría las diferencias encontradas.

El estudio también determina que el número de pruebas de COVID-19 realizadas y el número de profesionales de medicina de los 28 países estudiados se asocian a una mayor incidencia de la enfermedad por coronavirus. La incidencia es una medida de frecuencia que depende de las características relacionadas con el virus, la susceptibilidad a la infección por parte de la población y la capacidad de los sistemas de salud para identificar a los portadores del virus. La correlación entre el número de pruebas por millón de personas y la incidencia indica que la epidemia puede estar subestimada por la dificultad para hacer el diagnóstico en algunos países.

Por último, este estudio también ha analizado la tasa de letalidad de los 28 países en relación con la letalidad del brote de COVID-19 en el crucero Princess Diamond. En este, se realizó seguimiento a una gran mayoría de pasaje y tripulación, 3.710 personas en total, lo que ha permitido calcular la letalidad con una precisión muy superior a la que se puede estimar actualmente en los países afectados. Además, la mayoría de los casos se detectaron en pacientes nacidos en países de la OCDE, similares a los incluidos en este estudio, y el 58% de su pasaje era mayor de 65 años. Hubo siete muertes, todas en pacientes mayores de 70 años, resultando una tasa de letalidad del 1,01%. En cambio, la tasa de letalidad en Italia fue 7,9 veces mayor que la estimada para el crucero (en España fue 3,6 veces mayor).

La letalidad encontrada, por encima de la esperada (en función de la del crucero), puede indicar que hay una transmisión no detectada y una subestimación de la epidemia. “Desde una perspectiva epidemiológica, los resultados de este estudio indican que la hipótesis más probable es la falta de identificación de casos leves, lo que aumentaría la magnitud de la letalidad. Los estudios basados en modelos matemáticos apuntan a una alta tasa de no detección de casos al comienzo de la epidemia, que es la justificación más probable de las diferencias encontradas”, concluyen los autores del artículo publicado en GACETA SANITARIA.

Referencia bibliográfica
Alexandre Medeiros de Figueiredo et al. Letalidad del COVID-19: ausencia de patrón epidemiológico. Gac Sanit. 2020. Disponible en:
https://gacetasanitaria.org/es-letalidad-del-covid-19-ausencia-patron-avance-S0213911120300844