Braga. El arco iris de la esperanza y la cruz de los creyentes

El municipio de Braga, en su capital, la ciudad de Braga, tiene un lugar emblemático, un monte lo suficientemente elevado y relativamente céntrico en la ciudad, como para además de servir de magnífico mirador desde el que se observa muy bien el centro de la urbe, valer para situar en su cumbre elementos decorativos que llaman poderosamente la atención, sobre todo si son susceptibles de ser iluminados y, por lo tanto, resultar visibles, muy visibles de noche desde muchísimos lugares de la ciudad bracarense.
Es así cómo en Navidad allí se colocan, en el llamado Monte Picoto, elementos propios de la época; también durante las fiestas patronales de Sâo Joâo... Ahora, con ocasión de este tiempo difícil del coronavirus, al Municipio de Braga (la Câmara Municipal, que es quien de ello se encarga) le pereció oportuno situar allí, en la cumbre del Picoto, dos elementos que convenientemente iluminados, de noche, llaman poderosamente la atención. Uno es una cruz de tamaño considerable (nada que no sea ajeno a la secular religiosidad de la enorme mayoría de las gentes de Braga), la otra es un arco iris que cobra especial relevancia en estos tiempos, simbolizando la esperanza en la llegada de tiempos mejores...
El periódico "Diario do Minho" con indudable acierto recogió ya, semanas atrás, el testimonio gráfico de lo que ahí sigue, situado en la cumbre del Monte Picoto, como mensaje y deseo de un tiempo mejor que el actual para todos los habitantes de la más que bimilenaria -en sus orígenes- ciudad, la Brácara Augusta que fue farol y guía del Noroeste Peninsular en los tiempos de la presencia romana en la Península Ibérica.
(Imagen del "Diario del Miño", con la debida venia)