GENTE ÚNICA
TORRADO, EL GALLEGO QUE ENCUMBRÓ A MANOLO ESCOBAR
Aquel era un Samil libertario, sin muros ni farolas de diseño. Solo la Luna con fondo de Cíes clareaba las más románticas noches de forma natural. El viejo Simca 1000 era quien de regatear los muchos pinos que había, para ver como las estrellas se posaban sobre el mar.
Junio ya era cálido y nuestros cuerpos se unían mojados, desnudos. Nos dábamos abrazos de salitre para terminar penetrando en los misterios del amor, una y otra vez, con silencios cómplices, solo rotos por música de olas.
En la punta de la playa otros jóvenes ardientes buscaban el erotismo de salón. En el “Riomar”, el club que estrenó aquellas danzas de bailarinas exóticas, sirenas del destape frente a los buques trasatlánticos que se iban, iluminados por un millón de bombillas, hacia la boca de la ría.
Eso en Vigo qué en A Coruña, buscabas el entorno virgen de la Torre de Hércules o aún más allá de Oleiros, la hermosa complicidad del Faro de Mera.
Eran tiempos, aquellos de los setenta, en los que amanecía más temprano y el sol te despertaba sobre la arena…
Hacía tiempo que Arias Navarro nos dijera en la tele lo de la muerte de Franco y se acabaran aquellas vergüenzas de la visita a Perpiñán o a Biarritz para ver “El Último Tango”. Ya teníamos mitos eróticos en la España predemocrática y el cine aquel de la censura “inquebrantable” había muerto con el dictador.
Conocí a los dos en una emisora cuyo propietario era el señor obispo, don José Cerviño, que si no lo es ya, algún día será santo… aunque solo sea por permitir que yo hiciera un programa en aquella Radio Popular de Vigo que, dirigida por José Andrés Hernández Vicente, me enseñó que… ¡Ser libre es decir siempre lo que piensas, sin callarte nada…!
A Agata Lys, aquella noche le pregunte por la historia de los “Rolling Stones”.
—- Fue un mal truco de cierto marqués para organizar una orgía. Nos contrataron a varias chicas para formar un ballet que participaría en la primera gira española de los británicos. De pronto nos dice el marqués que nos sacáramos la ropa. Y…
— ¿Y tú qué hiciste? –pregunté yo desnudando con la mirada aquel cuerpo de 90-60-90, de los pocos que había tenido el placer de contemplar tan de cerca…
— Pues llegué a quedarme en sostén y en braguitas, pero cuando vi que la cosa iba a más, me vestí, salí por la puerta, tomé un taxi y me fui a mi casa…
A Agata Lys me la había traído de promoción el cineasta gallego Ramón Torrado Estrada, el primero que exhibió una de sus películas en el aún hoy prestigioso “Festival de Cannes”.
Ramón Torrado fue el autor que encumbró a Manolo Escobar en el cine.
Con él se hizo rico. Porque la trilogía “Mi canción es para ti”, “El Padre Manolo” y “Un beso en el puerto” le asentó en el Madrid del franquismo como director de cine, después de haber dejado algunas joyas para la posteridad como “Fray Escoba” y “Botón de Ancla”, que se rodó en su mayor parte en la Escuela Naval de Marín; por cierto, un film en el que mi compañera, Gloria, hizo de extra, aunque no presume mucho de ello…
Torrado fue un cineasta nacido para el elogio del franquismo, que se refería a sus películas como si fueran aspirinas…
—- Lo curan todo…
Seguramente hoy le compararía la crítica con Santiago Segura y sus “Torrentes”, aunque, uno y otro cineasta, son incomparables tal vez por los medios y la temática de sus guiones. De todas formas, me hubiera gustado ver a Segura, el progre, haciendo cine en los años cincuenta…
— ¿Fray Escoba fue un guion de Franco? –le pregunté aquel día, porque era un rumor que flotaba en el ambiente, habida cuenta la afición del dictador a escribir historias tan malas…
— Podría ser, pero no; en esa película yo soy también el guionista…
— ¿Cómo se hacía un cine tan malo y al mismo tiempo tan a favor del Régimen y de la Iglesia?
— Yo hice películas para que la gente lo pasara bien, no tengo conciencia de haber servido a Franco ni a la Iglesia.
— Y ahora, muerto el dictador y con los ballets en pelotas por los cabarets… ¿Qué cine nos espera?
— Pues el que demanda la sociedad. Cine con tetas.
— Por ejemplo…
— Pues esta película que estrenamos mañana, “Pasión Inconfesable”. Una película para admirar bellos desnudos y pasárselo bien…
Otra vez miré a Agata de arriba abajo, sin que me importase demasiado de que iba aquel nuevo film, producido por uno de los “genios” del porno gallego, Ismael González Díaz, el rey de los productores del “destape”.
Ismael era de un pueblo de Carballiño, de San Félix do Varón. Le daban tanta vergüenza algunas de las películas que producía y dirigía que las firmaba con pseudónimos como Félix Varón o Joseph I. Costa.
Quizá para compensar sus “trabajos” y haciéndole caso a su corazón gallego, estuvo tratando de adaptar para el cine el libro de Neira Vilas, “Memorias de un neno labrego”.
A don Xosé creo que no le entusiasmó mucho la idea…
De aquella película, “Pasión inconfesable”, con la musa Agatha Lys de protagonista, pocos duros obtuvieron productor y director…
Aún contábamos en pesetas y la recaudación fuera de poco más de ocho millones. La película la vieron menos de sesenta mil personas en toda España.
Pero Agata Lys, te lo garantizo, estaba espléndida. Por eso la vi en dos o tres obritas de teatro arrevistado que nos la devolvieron a Galicia de nuevo… con mejor pinta.
Ramón Torrado murió el mismo día en que a mí me cesó Manuel Fraga como director de la Televisión de Galicia.
Por cierto. Hace mucho, muchísimo tiempo que no voy por Samil…
XERARDO RODRÍGUEZ



