AQUELLOS TRENES

Anuncio hoy próximo viaje a Vigo, que me comen los recuerdos. Lo haré en tren a pesar de que, a mí estos trenes modernos me resultan menos románticos que aquellos de los tiempos de Rosalía de Castro, quien tuvo a bien contarnos que aquel primer convoy entre Carril y Santiago fue fruto de la generosidad de los emigrantes gallegos en América.

Desde entonces, llegaron las Mikado de vapor y más tarde las máquinas diésel, el tren electrificado, el Talgo pendular y hasta el AVE.

Los de antes eran trenes que olían a tren, como decía Cela, que se consideraba románticamente intoxicado de humo de carbón porque había nacido con el “Compostelano”, aquel ferrocarril que dirigió su tío Camilo José.

Además, los trenes de antes hacían patente su poder de hierro entonando su chacachá de estación pequeña en estación mediana, hasta llegar a la grande.

Eran trenes de ida y vuelta y en ellos se hacían amigos e incluso se encontraban amoríos. Porque en ellos tenías tiempo para todo, incluso para insertar el paisaje admirado en el cuadro de la ventanilla.

Por eso le perdonábamos su retraso.

TE ECHO DE MENOS, VIGO

Entonces, para terminar la crónica te invito a subir al mirador de Martín Codax, que inventó la poesía, para comprender mejor la grandiosidad de la Bahía de Vigo. Desde él alcanzaremos las ribeiras de un mar de poetas que figura en las Cantigas del Rey Sabio como “el paraíso a donde ir a bañarse con la amada, en la dulzura de sus aguas”. Aunque será desde el propio mar, navegando sobre los espejos que ocultan sus tesoros, donde nuestro asombro se llenará de Ría…

De ella emergen Islas y en sus riberas crecen puertos. Nacen a flor de agua las bateas de la vida bajo el puente de la modernidad. Esta es la cuna de vocaciones marineras que se notan aún sobre la gamela. Espacio de reposo, para el gran barco crucero. Placer de viajeros de mar tranquila que buscan el verano al otro lado. Campo de regatas de veleros bien arbolados. Grandes o pequeñas playas bajo techo azul de cielos claros. La ciudad es hija de Neptuno, por eso en las islas próximas crecieron nereidas.

Y Vigo, la ciudad, lo preside todo, mirándose en el espejo de su Ría. Porque en el mar encuentra su razón de vivir. Por eso tiene un montón de enamorados. De todas las ciudades en las que viví, esta es la que echo de menos.   

Mañana, si te apetece, nos reencontramos otra vez en este espacio de libertad. Siempre tendré cosas que contarte. Gracias por leerme. Buenos días y buena suerte