Miedos. A lo largo de la vida, mujeres y hombres muestran su condición de humanos a través de sus miedos. Yo nunca fui una excepción.
De niño recuerdo al “sacamantecas” con el que me amenazaba mi abuela si no terminaba la cena o si tardaba en exceso en acostarme. Después de aquella primera comunión vestido de almirante de no sé qué armada comencé a ver demonios rodeándome para comprar mi alma. También tenía miedo, en mis paseos con Ana por el bosque de Soutoderrei, de que se nos apareciese el Romasanta, un falso lobishome de Allariz cuya leyenda agrandara el libro del momento. Incluso sufría en esa época por los hombres que caerían muertos en los tiroteos que se producían al otro lado del Miño, entre maquis y guardiasciviles.
Luego llegaron mis miedos a los fracasos. Los de Instituto, los amorosos, los deportivos…
Aunque he de confesaros que en mi adolescencia mi peor miedo lo sentía cuando, en las oscuras tardes de invierno, subía por o Camiño Real y pasaba frente al cementerio de Cudeiro, que rodea la iglesia. Llegaba Ó Vinteún en el último “carrito” y tenía que hacer el camino a pie hasta casa. En el trayecto podrían sucederme todos los males de mis leyendas, pero les haría frente. A quien temía realmente era a los fieles difuntos. Hasta tal punto que no podía dormir en la que era “mi habitación” en la casa de mis padres porque desde allí veía un pedacito de cementerio a lo lejos. Se la cambie a mi hermana Betty por la suya…
De camping, el día que más miedo pasé fue en la playa de Limens, en Cangas, cuando en compañía de mis amigos Víctor y Enríquez, vimos la Santa Compaña subiendo por el monte camino de Nerga… aunque suspiré cuando supimos que se trataba de la gente de Acción Católica de Vigo, maniáticos del rezo nocturno y a pleno pulmón.
Por mi profesión pasé muchos miedos durante la dictadura y en mi época de Donosti llevé algunos sustos serios buscando al primer secuestrado de ETA, el cónsul alemán Beihll, con Diego Carcedo como compañero. Aquellos sí que eran miedos, mayores incluso que cuando me perdí en el Sáhara y entré en Mauritania en plena guerra civil.
—– ¡Carallo! ¡Pois sí que pasaches medo!
—– Nada comparable co que pasei esta noite.
—– ¿E Logo?
Verás. Soñé que estaba en el Circo Mundial asistiendo a una función magnífica, en la que me divertía muchísimo con los trapecistas, los leones pasando por el aro del domador, los que hacían malabares en el alambre… y así hasta que llegaron los payasos.
Eran tres, como siempre en el famoso circo de mi infancia. Pero aquellos payasos tenían algo especial. Me hacían reír y luego me hacían llorar….
Sí, hacían una gracia y luego metían miedo. Parecían diabólicos…
Enseguida supe cuál era el demonio y quienes sus acólitos: el payaso-diablo era el que marcaba los tiempos y los otros dos seguían sus gracias y sus atrocidades. En esto que hice la señal de la cruz… y aquel payaso alto, gordo, de cabello rubio alborotado, con la cara rojiza se convirtió en el maligno más horroroso que os podéis imaginar…
Eran las siete y media de la mañana cuando desperté recordando que anoche, en la tele, había visto a Luís Landero, el escritor. Me enteré que había sido guitarrista de flamenco y que era profesor de la Escuela de Arte Dramático. Es un magnífico creador al que admiro profundamente y estoy deseando leer su último libro, “La vida negociable”. Cuando le preguntaron por Donald Trump, Landero dijo…
—- Es un payaso que en vez de hacer reír mete miedo.
Hoy he salido de casa muy temprano y bien abrigado. El termómetro marcaba menos de nueve grados y la noche aún teñía de sombras el Val da Mahía; pero a estas alturas de octubre, el otoño ya anuncia inviernos, los castiñeiros tienen las hojas amarillas en los soutos de la media ladera y los amaneceres son grandiosos si una sola nube se cuela en el cielo limpio. Ahí me tienes una vez más asombrado por el tránsito de la noche al día. Hoy tampoco lloverá y sí seguirá el frío que nos trae el viento del norte. No subiremos de 16 grados. Camino de vuelta con el plumífero bien cerrado y gafas de sol, que esta vez también deslumbra. Maña martes el tiempo pinta mas de lo mismo, aunque MeteoGalicia anuncia lluvia para la noche. A ver.
XERARDO RODRÍGUEZ



