Éramos ya adolescentes, pero a los muchachotes de entonces nos consideraban niños. Al comienzo de los cincuenta, en Ourense solo había un Instituto, los Salesianos, los Maristas y el Cisneros, para estudiar el Bachillerato.
En realidad, los centros rivalizaban también en el deporte y en todas las asignaturas de la vida que procuras aprender por ti mismo a esa edad… sin contarles nada a tus padres.
El deporte se organizaba mediante los campeonatos escolares y el resto, ya sabes, cada uno competía según sus posibilidades, pero nunca solo, que ya funcionaban las pandillas.
De aquellos tiempos recuerdo los tonteos, el primer beso furtivo, las caladas a un pitillo de tabaco infame y especialmente a mi profesora de Ciencias Naturales que, además de ser muy guapa, despertó mi pasión por el Medio Ambiente.
El Instituto estaba junto al Posío y los que fuimos alumnos en aquella época tuvimos el privilegio de recibir excelentes enseñanzas. Ganábamos siempre a casi todo… ¡Menos aquella batalla salvaje que se saldó con varios heridos y que todos aún recordamos hoy!
Los pijos de los Maristas nos habían convocado en A Barronca, que era un basurero que descendía desde la Alameda hasta el Barbaña. Allí había piedras, palos y todo tipo de armas para emular a los galaicos que se enfrentaron a los romanos en el monte Medulio. Ese día nos dieron una buena malleira porque habían inventado el “tirachinas”, que en realidad era el tirapiedras.
Tras pasar por la Cruz Roja unos cuantos y recibir yo varios puntos de sutura, nos fuimos a casa y no supe mentir…
—– Nos peleamos, papá.
Y mi padre pronunció aquellas sus sabias palabras que le copiarían los hippies de los sesenta…
—– Ya estás en edad de hacer el amor, hijo, pero nunca jamás hagas la guerra. Ya sabes las consecuencias que tuvo para esta familia la que hemos sufrido por el golpe de Estado de Franco.
Nunca en mi vida volví a pelearme a pesar de que en A Barronca era frecuente que se celebrasen grandes batallas interescolares. Aunque aquella guerra no la ganó nadie porque todos crecimos y se acabaron las peleas.
UNA RUBIA PELIGROSA
No sé por qué, pero hoy apareció en escena una rubia. Pasó de llamarse María o Mónica a utilizar su propio nombre, Melisa. No se dejaba fotografiar nada más que de cintura para abajo, pero ahora ya posa con sonrisa de por medio. A sus 27 años escribe en X…
—– Soñando el sueño imposible.
Parece salida de una tribu urbana, pero Melisa D. Ruiz estudia Filosofía y Antropología social y cultural. Portavoz oficial de Hogar Social Madrid la definen como la Khaleesi del nuevo fascismo español, la cara guapa de la ultraderecha. Si se lo cuentas, te contestará…
—– Tampoco vamos a ser pijos con los términos.
Esta rubia de peluquería tiene una perra a la que llama Odal, la runa de la simbología nazi y en su tobillo luce el tatuaje de una esvástica.
Para más detalles dice que su Hogar Social solo ayuda a necesitados con sangre española.
Si te la encuentras por la calle, escapa, es una rubia peligrosa. Pero no es la única que, desde la aparición de los abascales todos los fascistas salieron a la calle.
CON EL CLERO HEMOS TOPADO… OTRA VEZ.
Desde el Vaticano, la Iglesia ha hecho público un documento en el que reafirma su preferencia por sepultar el cuerpo en un cementerio y prohíbe, en el caso de que optemos por la cremación, esparcir las cenizas por el aire o por el mar o incluso guardarlas en casa. ¡Hay que llevarlas a terreno sagrado!
Esta memez se le ha ocurrido a la Congregación para la Doctrina de la Fé que preside el cardenal Gerhard Müller. Pues, yo ya lo dejo escrito…
—– Me importa un bledo lo que diga el Vaticano. Mis cenizas serán esparcidas en el mar de Marín… cuando me llegue la hora, que ojalá sea muy tarde. ¡Cuánto más tarde mejor!
DON QUIJOTE ERA EL SACAMUELAS DEL TOBOSO
El investigador Javier Escudero descubrió en un documento del Archivo Diocesano de Cuenca que, en la realidad, don Quijote era un bastardo sacamuelas del Toboso conocido como Agustín Ortíz, para nada caballero y con demencia.
La Inquisición le condenó como hereje porque se había liado a espadazos contra una cruz clavada frente a los molinos. La sentencia decía…
“El que atacaba a los molinos no fue caballero, ni hidalgo, tampoco señor. Tan solo un pobre loco del que todo el mundo se reía”.
Javier Escudero cuenta que…
—– Llevo años buceando en los archivos de varios municipios manchegos en busca de nombres, apellidos y personajes que pudieron inspirar el relato de Cervantes y el hallazgo de Agustín Ortiz supera con creces cualquier paralelismo que se haya hecho del ingenioso hidalgo hasta la fecha.
SE FUERON TODOS
El mar se quedó solo. Hoy acaricia la gran playa y bate contra las rocas que emergen del lecho submarino, frente a las islas, a las que envuelven leyendas de piratas, tesoros, ejércitos fantásticos, demonios y bellas nereidas hijas de Neptuno. Frente a este mar resplandece el otoño que se ha venido a vivir a nuestros pueblos bonitos para que se fueran los turistas. Y somos nosotros, también en soledad, los que alcanzamos a ver el horizonte donde el viento del norte hace temblar los barcos que danzan entre olas, ebrios de sal, navegando en busca de la vida. Aquí, en este océano y en esta costa, todo y nada es eterno porque tiene magia y la leyenda preside los absolutos silencios. Todo ocurre en este paisaje. El gran océano y su litoral gallego siempre nos asombra…
Este es el momento de hacer un punto y aparte, que mañana será domingo y aquí nos encontraréis de nuevo, en esta Galicia Única. Buenos días y buena suerte.






