La policromía del último tramo del verano nos invita a caminar esta vez en busca del bosque encantado, por las montañas de Galicia. Si te apetece, sigue conmigo las rutas naturales de un país en el que todo es posible. La magia también se esconde detras de esta perspectiva. Estas son sus nuevas formas desde las cumbres que presiden nuestros paraísos, lugares fantásticos donde los pinos hermosos tocan cielo. Además, todos los años los montes recomponen su estética y todos los árboles estrenan su ropa de gala.
Cuatro sierras: Ancares. O Courel. O Invernadoiro. A Lastra.
Cuatro cumbres: Tres Obispos. Piapaxaro. Queixa. A Encina.
Has de conquistarlas a pié si quieres comprender mejor la grandiosidad del paisaje de montaña y todo el misterio de los árboles que pueblan estos lugares.
Los puntos de partida, en los que hay que dejar el coche, son: Piornedo de Donís, corazón de Ancares y aldea desde época anterior a la romanización, donde se conservan excelentes muestras de las antiguas pallozas.
Parada de Moreda, aldea natal del inolvidable poeta do Courel, Uxío Novoneyra, que nos dejó claro que aquí bien se ve lo poco que somos los humanos.
Campobecerros, un pueblo fulgurante que nos abre la puerta del bosque perfecto y el espacio de libertad más próximo al medio natural del Invernadoiro.
Rubiá, el encanto de Valdeorras, la perfecta armonización del agua, el árbol y la piedra.
El castiñeiro nace en los soutos para recibir en sus copas la brisa del valle profundo. Vive enraizado en las laderas de los montes y su corazón vegetal late con fuerza en el espacio cercano a la vieja aldea. El castiñeiro es el árbol sagrado de Galicia y algunos tienen una edad de más de medio milenio. Es mi árbol favorito. A él debemos cada otoño la castaña, fruto que curó el hambre en otros tiempos menos románticos.
Desde cualquier punto de Ancares se toca el cielo cada día. Caminando por la serpiente de piedra pizarrosa que seguimos hasta Piornedo desde la Campa de los Tres Obispos podemos sentir estos días el calor del verano. La fraga trepa por la ladera de la gran montaña para convertirse en la selva que esconde lo más salvaje del reino animal de Galicia.
Propio de la fraga es el carballo, nacido para ser libre y domesticado como árbol próximo a la aldea, a la que da sombra y calor. Dio origen a las carballeiras donde aún se celebran algunas ferias pero si quieres conocerlo en su estado puro escapa de la carretera y sigue el sendero que pisan quienes gozan de la libertad de esta naturaleza inevitablemente nuestra.
O Courel es un territorio de valles verdes, de bellísimas devesas de intensa policromía primaveral, verde sobre el otro verde. Un territorio surcado por ríos –medianos y pequeños- provocadores de bellas cascadas y de espacios salvajes de grandes contrastes. En O Courel te será fácil llegar hasta el sobreiral, el lugar donde crecen los sobreiros, el árbol del corcho con trajes de verano y de invierno.
El espacio natural protegido de O Invernadoiro es especialmente bello en primavera. La policromía de la flora ensalza un paisaje único de cumbres cubiertas de pastos, de laderas de soutos, de bosques de carballos y abetos, de acebos, de tejos, de pequeños ríos que riegan bidueiros. También valles profundos sobre rocas enquistadas por la erosión del agua. Y restos de antiguos glaciares, saltos de agua que busca un destino final desde el precipicio hasta el alto río Cenza. Tanto en este bosque como en los que crecen a orillas del Sil por Rubiá, crecen bidueiros, el árbol blanco y negro que alcanza los veinte metros de alto…
Al final verás como de las entrañas de A Serra da Lastra nacen rocas hacia el cielo para que practiques la escalada. Una vez en lo alto, se contemplan los entornos naturales de Trevinca e incluso el paisaje pelado de Manzaneda aguardando otra vez inviernos de nieve.
Cuatro sierras y cuatro rutas para gozar de la montaña y del bosque gallego, poblado por dos mil millones de árboles autóctonos.
Nunca te olvides de nuestros castiñeiros, carballos, sobreiros y bidueiros…










