En las cercanías de la ciudad o de la villa siempre hay un río. Y según Cunqueiro son mil los que surcan este País. Son las venas fluviales de esta Tierra y quienes hacen más hermosa su piel, al reverdecerla. Nacen en la montaña con espíritu aventurero y buscan más agua para su destino final, ya sea en el mar o en otro río.

Hoy seguimos su curso, que nos lleva hasta grandiosos horizontes a través de espacios naturales de singular belleza; lugares luminosos que invitan a perderse en la mera contemplación del paisaje.

El verano se prolonga y los ríos nos ofrecen sus playas verdes y el frescor de sus aguas limpias. Cantan para colmar la paciencia del pescador. Descienden rápido para que podamos hacer deporte. Se calman y anchean para que nos deslicemos sobre su lomo. Y son también el espejo del espacio termal, para curarnos en salud.



Los mil ríos de Galicia son una interminable postal de ocio. La fotografía de esos lugares afortunados donde mora la belleza y donde el agua desarrolla toda una cultura.

Hay ríos para bañarse y ríos para pescar. Ríos para practicar deportes acuáticos y ríos encañonados para que podamos navegarlos con calma. Ríos que nos invitan a viajar a un pasado de subsistencia por sus valores etnográficos y ríos que pasan bajo puentes monumentales que marcaron el devenir de nuestra historia.

Unos ríos llevan la fama y otros el agua. Los hay muy populares y también más humildes. Pero todos generan la belleza de esta tierra que es única porque se mira en cristalinas aguas.



El Ulla es el río del Apóstol Santiago. Remontándolo desde el mar de Arousa, descubrieron sus discípulos Atanasio y Teodosio los paisajes de las invasiones vikingas y de las primeras correrías de la Bella Otero, hasta llegar a Padrón, antes de cumplir la aventura del Campus Stellae.

El Navia nos lleva desde los Ancares hasta el Cantábrico asturiano atravesando valles hermosos, dejando a un lado bellas áreas naturales de pesca y pasando bajo puentes medievales.

El Limia nacido en la sierra santa de San Mamede, en Ourense, nos conduce por vías romanas hasta los piés del Xurés, para luego guiarnos por el Portugal vecino en busca del Atlántico.



El Eume es un espejo cuando anchea en el embalse y se reflejan en el agua los habitantes vegetales y animales de la gran fraga, sobre la que sobresale el monasterio reconvertido en aula de naturaleza. Atraviesa saltarín el legendario bosque para buscar reposado el mar de los Ártabros, bajo el histórico puente de los Andrade.

El Sil llega desde el Bierzo en busca del Miño a Os Peares. En este trayecto provoca el paisaje magnífico de sus cañones, que fueron los que convirtieron en sagrada a la gran Ribeira.



El Miño atraviesa tierras de vino en busca del gran océano. Pero antes de entregarse será el creador del gran estuario que entusiasmó a los celtas desde el Tecla, el monte sagrado.

Hay otros paisajes de río mas humanizados: playas fluviales y áreas de esparcimiento; zonas deportivas y pequeños embarcaderos… Todo está hecho para que descansemos hasta el pensamiento.

Siguiendo las venas fluviales del país, todo es posible…. El agua en Galicia es cultura y es quien genera la genialidad del paisaje de un río, cuando los árboles nadan.



En la Galicia Única no te pierdas el paseo por el sendero que acompaña al río. Descubrirás verdaderas obras de arte…

Director de www.galiciaunica.es