XERARDO RODRÍGUEZ

DESDE LO MAS PROFUNDO DE MI ALMA

Antes de meterme a fregar las letras, para que no me salgan sucias en tal día post felicidad como hoy, dejadme que os devuelva a todos mi afecto. En realidad, vosotros, los que me enviáis mensajes cargados de ánimo, de buenos deseos y añadiendo inmerecidos elogios a lo que narro y opino, sois mi única posesión espiritual; por eso quiero que sepáis que cada palabra que me hacéis llegar es para mí una invitación a la reflexión y al pensamiento. De cada una de ellas, os lo prometo, saco siempre una conclusión y suele ser positiva.

Así que no sabéis lo que os agradezco esas enormes muestras de cariño en número que se escapa ya a lo virtual. Empecé con mucho ímpetu intentando responder uno a uno, pero me he tenido que frenar cuando iba por el medio millar porque tenía confundidas a las musas y ya me había convertido en un autómata descafeinado escribiendo frases tópicas; y a mí me gusta que todo lo que escribo parta de la profundidad de mi alma y refleje mis sentimientos al cien por cien.

Así que mi gente, que mi abrazo sea colectivo esta mañana para que siga brillando el sol en nuestras vidas, aunque el cansancio le pueda hoy a mi imaginación.

SOBREMESAS NOCTURNAS FRENTE A LA RÍA DE VIGO

Verás, las sobremesas en este país duran una eternidad, pero son la única oportunidad que tenemos los viejos para contar a nuestros hijos y nietos las batallas del abuelo, que en mi caso son inolvidables anécdotas vividas y una repetida invitación a la sonrisa antes de las siestas de verano… aunque los pájaros cantores te la chafarán con sus arrechouchíos. No quieren que nadie se duerma mientras haya luz.

Ayer, tras cantarme el cumpleaños feliz, recordamos cuando Julio Iglesias estuvo en nuestro modesto piso de Vigo compartiendo cena y madrugada, hablándonos de sus proyectos en América de la mano de la CBS, y diciéndole a los once años de mi hija Gloria…

—- Te compuse una canción para ti… A ver si te gusta.

Y se le puso a cantar uno de sus grandes éxitos del momento que llevaba en el estribillo “sabor a Gloria” con lo que la chiquilla, asombrada, se fue para la cama feliz…

Aunque al día siguiente regresó del colegio llorando como una plañidera porque nadie le creyó siquiera que Julio Iglesias había estado en su casa, cuando en realidad todos mis amigos cantantes terminaban siempre tomándose la última en aquel piso desde es el que contemplaba la ría de Vigo. Julio no fue ni el único ni el más grande, que a Facundo Cabral le dio el sol del amanecer en los ojos con aquel “pobrecito patrón” que pensaba que el pobre era yo.

Los mejores visitantes que teníamos en aquel piso eran mis amigos pintores entre los que destaco a Carlos Viejo y a Alexandro. Eran capaces de tomarse los cubatas en jarras de agua. Vacíaban una botella entera de ginebra y decían…

—- Hay que botarlle unas gotiñas de Coca Cola para disimular.

La noche más brillante fue cuando me dijeron que las paredes estaban desnudas y con un tablero que tenía fotos pinchadas, cuatro botes de color y una pequeña brocha pintaron… un “cuadro inacabado”, el sofá, la alfombra, la mesita, las paredes… hasta que Gloria, mi suegra, entró en el cuarto y los echó de su templo…

Laxeiro me hizo una muy especial y simpática. Lo llevé a “Galicia de Noite” para hacerle una entrevista y el quintaesenciado de Lalín llevó una flauta… Pregunta que le hacía… piribí piribí que me contestaba desafinado… y traducción que hacía Alfonso Sucasas diciendo las más variopintas burradas del arte.

Claro que aquello no fue nada con la que le hizo a varios prebostes de Lalín, de esos que se auto invitaban a comer con frecuencia. Un día le dio por invitarlos a todos juntos. Eran 14 en total y allá llegaron a su casa en donde la muchacha había puesto una mesa impecable, con la cubertería más fina que encontró… y todo como mandan los cánones del protocolo…

—- Veña, sentádevos, que ya imos a comer. ¡María, traia as langostas…!

Y María, obediente, traía una fuente vacía…

—- Hala, ¿Tamén hay que servirbos? Cada un que se bote a súa que tocamos a unha por barba.

Y el genial pintor comenzó no solo a hacer que comía su ración, sino que los demás tuvieron que imitarle… Lo mismo pasó con el segundo plato, un sabrosísimo cabrito asado y el postre, cañitas hechas en casa.

Uno de los comensales le dijo…

—- Laxeiro, como broma e divertida pero… ¿Serás capaz de deixarnos sin comer?

Non sóio hoxe. Que sepades que nesta casa o menú sempre vai ser de agora en diante virtual, que é unha realidad ainda que non se palpe.

Lo gorrones de Lalín jamás se pegaron a Laxeiro, al menos a la hora de comer.

Yo creo que Laxeiro aún sobrevive más por su singularidad como persona que incluso por su muy reconocida obra.

Por mi casa de Pi i Margall 84, fueron muchos los miembros de la cultura que desfilaron en las noches veraniegas del gran Vigo, cuando esta era una ciudad dominada por el obrerismo y la intelectualidad, concentrada en el Derby y en el Goya. Al primero de estos cafés iban los de derechas, la gente bien. Al Goya íbamos los obreros de la creación y siempre nos sentábamos juntos en torno a la figura del líder, que podía ser un literato, un artista o un cantautor. Las noches rezumaban de aquellas conspiraciones y todos teníamos un plan para acabar con la dictadura…

—- Ninguno dio resultado.

Yo a esas reuniones llevaba siempre a mis dos maquis de la música, Ana María Dranck y Paco Ruano, favoritos entre mis favoritos, pareja de enamorados que estaban dispuestos, como yo, a echar a los ricos del planeta… Sus canciones eran armas letales en mis sueños dibujados para la toma del Palacio Real.

Lo gracioso era cuando alguno iba a Samil a cantarle al amor metido en un Simca 1.000 y la linterna de la Guardia Civil iluminaba los culos blancos con cierto sadismo, mientras se le iban por el Lagares los contrabandistas con varias cajas de cartones de tabaco para consumo en la villa.

Ahora que ya tenemos tres series diferentes sobre la “Fariña” y sus consecuencias te diré que todo empezó con el Malboro. Ese tabaco con sabor a vaquero americano abrió el camino a esa droga que acabó con una generación y tanto daño sigue haciendo.

Perdonadme hoy que me haya puesto de sobremesa… pero es que aún me dura. Graciñas a todos por esos buenos deseos y el afecto que desprenden. Como quiera que no he sido capaz de invitaros a todos a una copa de licor café, os he contado unas cuantas conversaciones íntimas, que hoy solo tengo ganas de escribir bellos recuerdos y cantos a la belleza que nos rodea.  

SOBRE COMO NOS VEN

Recuerdo que Fraga, en la primera visita institucional que le hice como director de TVE en Galicia, solo me pidió una cosa:

—- Yo sé que ustedes tienen que hablar de los asesinatos y las catástrofes, pero le ruego que en los telediarios también cuenten lo mucho que merece la pena este país.

De esto me acuerdo ahora cada vez que veo un telediario. En los informativos solo se cierne sobre Galicia la Negra Sombra. Y joder, ya está bien.

The New York Times hace unos días publicó un reportaje en el que Raphael Minder hizo un excelente trabajo costumbrista sobre A Rapa das Bestas de Sabucedo que titulaba: “El rodeo de los caballos salvajes en Galicia cabalga hacia la modernidad” y en el texto explicaba como los “aloitadores” se habían adaptado a las nuevas leyes animalistas que rigen en el país. El reportaje gráfico es una obra de arte de Samuel Aranda, ganador del WorldPress Photo y del Ortega y Gasset.

Cuando vi la misma información en TVE, realizada por un redactor gallego de cuyo nombre no quiero acordarme, me cayó el alma a los pies y me acordé de Fraga, que de comunicación sabía un rato largo.

The New York Times, uno de los periódicos más leídos del mundo, ya nos dedicó otros reportajes sobre los percebes, las Illas Atlánticas y la uva godello, recomendando nuestros “Ribeira Sacra” y “Valdeorras” y citando los lugares donde se venden de los Estados Unidos.

A ver si un día de estos, los redactores de TVE huyen de tanta muerte y encuentran el espíritu de la belleza que han perdido hace mucho tiempo. Les bastaría con ir estos días a la Ribeira Sacra para lograr una maravillosa visión de la vendimia heroica, que ya ha empezado a recolectarse un vino excelente, el Amandi, ese que muy pocos han probado y aún conserva todas las virtudes de su antigüedad romana y monacal.   

EL CANTO DE LAS SIRENAS QUE LLEGA HASTA LA PLAYA

Sálvora y San Vicente se enfrentan en la bocana de la Ría de Arousa. Son isla y cabo, referencia, ambos, en el paisaje más hermoso del mar del sol.

Pero San Vicente y Sálvora tienen usos diferentes. El cabo crece como destino turístico y la isla es  Parque Nacional, porque pertenece al de las Illas Atlánticas. Ahora, al igual que la Isla de Cortegada, es de propiedad pública, ya que ha sido adquirida por el Ministerio de Medio Ambiente.

Sálvora es una isla-monte, triangular, rodeada a su vez por los islotes de Sagres y Centoleiras. Tiene condición de guardiana de la Ría y quizá por ello, fue isla pirata en la que cantaban bellas sirenas, según su legendaria crónica.

Tal vez por eso, en el muelle de la isla hay una escultura a la sirenita mítica que parece saludar al navegante que busca las playas vírgenes de la cara este. De su antigua cultura queda en pie la fábrica de salazón de Jerónimo de Hinojosa.

Pero a pesar de su belleza, en Sálvora solo tienen vida los cormoranes, la luz del viejo faro y algún reptil que habita entre sus piedras.

San Vicente, al otro lado, es, sin embargo, bullicio de lugar humanizado cada verano, cuando el sol devora el horizonte que marca el más allá de Sálvora.

Lo que asombra de este lugar, es la luz fulgurante de cada tarde, que ensalza el paisaje de playa y acantilados, serpenteado por uno de los paseos marítimos más hermosos y agradables de Galicia. El que va desde el pequeño puerto hasta los límites militares de la Playa del Con.

En esa hora en la que el sol se quiebra a lo lejos, este paisaje es especialmente hermoso. Crecen en él estatuas de salitre entre agua y arena. El agua es de sal atlántica y la arena es la de la playa de los secretos amores en los atardeceres dorados. A lo lejos, va el barco de los sueños, de ola en ola, entre Sálvora y San Vicente.

A veces, bajo la ducha, canto aquella canción popular que decía…

Ay Sálvora, ay San Vicente, as nenas bonitas hainas en Ourense”.

Aunque en realidad, como dice Gloria no sin falta de razón, la letra original se refiere a Mourente.

Un día de estos he de volver a Sálvora y a San Vicente, mi isla favorita de las del Parque y el más agradable paseo marítimo para que se pongan a tono mis piernas hinchadas. Hoy no he querido contaros historias que os puedan revolver el estómago. Es domingo, hace sol y debemos darle un descanso a la mente. Mañana nos vemos de nuevo, mis amigos. Gracias por vuestra fiel compañía. Buenos días y buena suerte.

Director de GALICIA ÚNICA