TRAZOS Y TROZOS (de mi vida)

        LA ESCUELA

En Radio Noroeste trabajamos, todos, como si nos fuese la vida en el intento. Hicimos buena radio y le echábamos horas a morir porque aquella pequeña cadena gallega era la única que se preocupaba por nuestras vidas, por nuestras historias. Los veteranos ayudábamos a los jóvenes y la emisora se convirtió en una radio escuela de la que salieron los y las mejores profesionales del país, mentes creativas de nuevos programas, gente divertida y crítica, comunicadores y comunicadoras que hicieron de la honestidad su biblia. Algunos ya no están con nosotros, a la mayoría los jubilaron y la voz de unos pocos aún se hace oír, fuerte y clara, incluso más allá de la frontera de A Gudiña.

Si no teníamos grandes medios sí poseíamos mucha fe en lo que podíamos hacer, incluso llevar la radio de barrio en barrio, de aldea en aldea, de fiesta en fiesta, de evento en evento. Para conseguirlo nos compramos un autobús de segunda mano, matriculado en Palma de Mallorca y reconvertido en estudio por nuestros técnicos para cumplir las necesidades que nos habíamos propuesto.

Obviamente resucitamos “Galicia de Noite”, del que se encargó Pedro Pablo Gutiérrez, y nuestros informativos contaban todo lo que eran capaces de investigar y no aquello que le mandaban en forma de comunicado las instituciones… es decir, los dictados de la baja política. La voz de Eugenio Eiroa se encargó del “Mediodía en Punta”, la “radio viva”. Las chicas -Mapi Egea, Mayka Aguado y Amelia García- de las tardes y Jesús Prieto de las mañanas. Cuando nos atacaban desde la competencia, contraatacaba yo, como aquella vez que dediqué treinta minutos de versada radio al muy culto Alfonso Guerra, que nos había colocado en la SER a la derecha del espectro de la actualidad, sin preguntar siquiera a Luís Barrio, jefe de prensa del PSOE, quienes éramos los que habíamos enarbolado la bandera de la independencia y detentábamos el liderazgo de la radio gallega, en el sur de Galicia.         

Aquel consejo que pintaba bien comenzó a emborronar el cuadro cuando lo presidió Eugenio Fontán, exdirector general de la SER, dueño de Radio España de Madrid, miembro del Opus Dei e inversor. De entre otras muchas propiedades era el dueño de un criadero de cerdos en Jabugo. Por eso no me extrañaron nada sus maniobras para planear el pelotazo, que consistía en quemar todo el pasado y que el bombero se encargase de valorizar las cenizas y hacer otro buen negocio…

El bombero clavó la cruz a Radio Noroeste, la vendió a cambio de unas cuantas monedas de plata que se devaluaron en bronce, tan pronto como Radio Voz terminó su ciclo de sueños fatuos.

LA NOCHE

Haré aquí un inciso para contarte como se me metió en el alma la radio nocturna. La radio de noche es un vicio para el cuerpo, pero también despierta en tu alma sentimientos únicos. Algunos salen a antena y otros se quedan en una simple llamada telefónica que te hace cómplice, quieras o no quieras, de situaciones insólitas.

Un presentador de radio, en la madrugada, no siempre despierta pasiones eróticas; no creas; más bien es una especie de druida al que acude la gente solitaria que no tiene a nadie a quien contarle sus secretos. Y lo mismo te enteras de que el hijo de aquella señora “pertenece al GRAPO” o que el marido de esta otra “es el hombre del maletín del concejal de Urbanismo”. La noche es cómplice. Para lo bueno y para lo malo.

En torno a un programa nocturno se crea cierta adicción y es muy posible que te conviertas en líder de tu franja horaria. Pero no es que seas un fenómeno… ¡La gente se agrupa y crea ella su propio programa! Te va llevando a su terreno, te envuelve en el silencio y te hace cómplice de sus amores y de sus desamores…

De noche la radio es un sentimiento puro. Yo sacrifiqué muchas noches de mi vida por ella…

SAMIL

Desde la terraza del viejo hotel teníamos a nuestro alcance todo aquel lugar mágico. Aún lo recuerdo como el de los cielos incendiados al mediodía… y los cuerpos casi desnudos al sol sobre la arena de la playa… y ese mar tan azul dónde se bañaban las estrellas de plata.

Vigo es hija de Neptuno y del horizonte de su ría emergen las illas de las nereidas nacidas para decir adiós a los barcos que pasan: las pequeñas gamelas de la gente con vocación marinera, pesqueros a motor, ciudades flotantes habitadas por miles de viajeros de océanos… o veleros bien arbolados compitiendo en el campo de regatas.

Con el fondo de este paisaje me lo dijo…

—- Gustaríame que dirixiras a Radio Galega, a ver se lle damos unha volta, que boa falta lle fai. ¿Qué me dís?

—- Home, para calquer profesional sería unha honra; e contigo o mando, nin ó penso. ¿Cando hai que facer os cambeos?

—- Doubos un mes para que organicedes todo entre ti e Lois Caeiro, o director xeral da CRTVG.

Así fue. En la primavera de 1986 mi amigo Javier Sánchez de Dios se quedó al frente de Radio Noroeste y yo hice el Camino de Santiago, desde Vigo, para hacerme cargo de la radio pública de Galicia.

Por dos razones: porque era un gran reto para mí, desde luego; y porque al Todopoderoso vicepresidente no podría nunca decirle que no, tras la concesión que nos hizo de las cuatro emisoras de Radio Noroeste, por las que había recibido múltiples presiones, incluso desde el PP estatal, comandado entonces por Manuel Fraga, ya sabes, aquel Dios Único que tuvimos quince años de presidente.  

—- Ainda tés outro dato a favor de marchar: aquí estanche facendo a cama. Non che digo quen porque ti xa o sabes.

Aquella confidencia de José Luís Barreiro me produjo una de las mayores decepciones de mi vida: el capital volvía a utilizar su dinero para acabar con el poder popular y dejar a los keis sin voz. Radio Noroeste se puso a la venta el día de mi despedida y la compró Radio Voz al mes siguiente. El bombero se hizo millonario y aquellas voces libres buscaron todas mejor vida. Nadie volvió a hablar con libertad e independencia en las ondas de Galicia. En realidad, los monopolios de la comunicación privados nacieron con esa operación puramente económica. Porque Santiago Rey ganó sus buenos millones cuando vendió un puñado de las emisoras de Radio Voz a Onda Cero, la cadena de Telefónica.

XERARDO RODRÍGUEZ