Este fin de semana es el apropiado para que te subas al mirador de Cotorredondo y contemples a un lado, la postal marina de la Ría de Vigo y al otro, el Marín marinero que se posa sobre su ría de plata.

Luego, junto al lago de sus leyendas, hasta donde llega el olor a salitre de la mar cercana, siéntate y escucha la natural sinfonía que proviene de cada imperfecto rincón de este espacio libre.

En el Lago Castiñeiras, esta vez, verás que hay vida extraña dispuesta a alterar la biodiversidad de un paisaje único. Se trata de peces de color rojizo, carpas asiáticas que en nada se parecen a las truchas o a las anguilas que antaño veías saltar sobre el agua, mientras las ranas les cantaban con gracia.

Dicen que ahora incluso hay una tortuga tropical, de esas de Florida, que alguien debió depositar en el lago cuando ya no le cabía en la pecera. Los especialistas cuentan que, a este paso, aquí habrá de todo menos especies silvestres europeas.

Te diré que el Lago Castiñeiras lleva sin limpiarse demasiado tiempo y esto ya no se lo podemos perdonar a la Xunta de Galicia. ¿Verdad?

UN PASEO CON VALLE INCLÁN

Valle Inclán evocó hermosos recuerdos desde su perfecta atalaya de A Curotiña, en aquellos momentos en que el mar de Arousa resplandecía como el oro, cuando el sol de la tarde se posaba sobre la ría.

Gustaba también de pasear la playa de Cabío y sus primaveras, esas en las que huyen sobre el mar sombras de nubes que el astro rey persigue rápido. Este lugar magnífico está hoy de verano y el turismo asalta el espacio poniendo voz a las mañanas tranquilas.

Valle Inclán se sentía realmente feliz paseando por la alameda, entre la gente, en las primaverales tardes en las que ya zumban las abejas sobre las flores, tan ebrias de luz como los pájaros. Y por el malecón desde donde se alcanza el puerto mientras la brisa marina traza en el aire la quimera de una danza invisible, entre las hadas imaginarias y las leucoiñas marinas, que celebran en A Pobra el paso de la estación más bella.

Valle gozaba mucho de esta Terra do Caramiñal. De la sierra, de la playa amarilla, de los jardines en flor y de su increíble mar de oro.

Nos vemos mañana otra vez, que hoy necesito perder la mirada en el vacío brillante que envuelve a la City, para seguir divagando sobre un pasado intenso y un futuro que presiento será ya corto. Gracias por los ánimos que me das cuando me lees, amigo.

¡Buenos días y buena suerte!