TRAZOS Y TROZOS DE MI VIDA) Ensueño, mitos eróticos y... la Voz,
TROZOS Y TRAZOS (de mi vida)
ENSUEÑO
El día que abandoné el Sáhara me dije que aquella arena marrón era también mía y juré defenderla al lado del Frente Polisario desde la palabra, porque no estaba preparado para la lucha armada. Hicimos frente contra Marruecos desde las ciudades gallegas al mismo tiempo que nos planteábamos otro futuro de aventura y una nueva etapa periodística, que yo ya no sabía hacer otra cosa.
Mi querido Joe Lopinto, desde Toronto, me mandaba fotos de la ciudad, de la que iba a ser nuestra casa, del edificio de Life Internacional… y me contó un futuro de viajes de ensueño para vivir de cerca los grandes hechos que supondrían la historia del planeta.
—- ¡Ay Dios mío! ¡Primero al Sáhara y ahora a Canadá!
A la maestra Raida le salía el corazón del pecho, aunque a Gloria y a mí nos parecía sumamente atractivo aquel plan de vagamundos que se nos proponía. Pero una madre es una madre y lo menos que debemos hacer es devolverle nuestro amor cumpliendo sus deseos.
Por eso nos quedamos en Ourense a pesar de que transcurrían aquellos años finales de la emigración a América y los gallegos ya elegían como destino laboral, preferentemente, Alemania, Suiza, Inglaterra y Francia. Aquellos lugares de nombre impronunciable quedaban más cerca, se podía ir en coche, se ganaba más, y cuando mi gente volvía a Cudeiro, la taberna del Vita parecía Babel por el batiburrillo de lenguas que se escuchaban y no se entendían.
MITOS ERÓTICOS
En el Ourense de mis años veinte, dos grandes mitos eróticos se pavoneaban por el Paseo: Vero Arce –dos pupitres de Instituto más arriba, en el lado de las lolitas-; y la viuda de Benigno, que por él –industrial de la plaza- y no por ella, se le conocía a Marcela Ledo –de profesión sus labores-, “gente poco fina”, que decían mis religiosas tías Rosita y Maruja.
Nunca paseaban juntas, recuerdo, pero se cruzaban y miraban a la altura del Cortijo, donde yo acostumbraba a conversar con Julio Losada sobre la patria gallega y su futuro independiente. Y no sabría decirte cuál de las dos era más bella…
Mi amigo Pepe Núñez y yo, que entonces le llamábamos joven a las noches de radio en “La Voz del Miño”, siempre teníamos la misma discusión…
—- Vero… Yo me quedo con Verónica.
La sentencia era de Pepe que, te lo puedo jurar, era un verdadero experto en belleza femenina… ¡Hasta fue jurado de Miss Galicia!
Pero a mí, quizás por el morbo de ser viuda a los 21, me tenía encandilado Marcela, aunque para mis piadosas tías tuviese fama de…
—- Traicionó a su marido, en vida, con muchos jóvenes… y ahora ejerce todas las noches de viuda alegre.
Ya sabes que las lenguas viperinas son todas del Opus Dei.
LA VOZ
Mi amigo Pepe Núñez me invitó a la radio para hacerme una entrevista sobre el Sáhara. Estábamos ante los micrófonos de “La Voz del Miño”, la emisora sindical que se transformaría en RNE Ourense cuando llegó la crisis de la radio pública estatal. Mientras hablaba con Pepe, pensaba…
—Este es el verdadero medio de comunicación… Estás hablando y ya te escuchan tus oyentes. Llegas a ellos antes que nadie. Tu cuento no tiene que pasar por la linotipia, el titular por los cajistas, la página ya montada por la teja, luego colocarla en su sitio en la rotativa, imprimir, cerrar la edición, venderlo en los kioscos o llevarlo a los suscriptores… como el Diario.
La radio me enamoró aquel día en el que Pepe me enseñó como se hacía un directo y la radio también se enamoró de mi voz grave. Por eso me quedé en “La Voz del Miño”. El gran Odilo Caneiro me contrató por diez mil pesetas al mes. Lo recuerdo en estos trazos de mi vida, para para que sepas que Odilo no solo era generoso, sino un empresario inteligente que sabía muy bien como ganar la batalla de la radio en Ourense, aquella guerra a tres bandas: la Iglesia y el Capital contra el Sindicato. Mucha gente aún la recuerda…
El Capital, Radio Ourense, se comía a los predicadores de la COPE gracias a la veteranía del gran Pedro Arcas, que lo mismo leía las esquelas que contaba el deporte como nadie, auxiliado por Montesinos, locutor que solo llegó a ser una imitación de Boby Deglané. Pero los grandes vencedores de aquella guerra fuimos los de La Voz del Miño, emisora sindical encuadrada en la cadena CES y más tarde en RNE.
Por casualidad allí empezaron mis muchas horas de radio y cuando llegó la reconversión yo inauguré los nuevos estudios de la calle del Progreso, como director adjunto de RNE.
En mi etapa, La Voz del Miño era un triunvirato de voces: Adela García Bouzas, dulce, pero con aguijones en la lengua; Pepe Nuñez, el más simpático y festeiro de los tres; y yo, que aprendí rápido a entretener e informar. Al frente del equipo técnico, Santiago era una figura con variedad de ideas propias para engrandecer el programa como realizador. Esa era la base de un ejército de amigos y colaboradores que preferían los jóvenes y los de la mediana edad, atraídos por espacios en directo como “El Micrófono de Oro”, en el que participaron los mejores cantantes y orquestas de la época; “La noche es joven”, un nocturno para juerguistas; y otros programas en los que colaboraron nuestros maestros e intelectuales, como Pepe Conde Corbal, Eduardo Blanco Amor, Pepe Suárez el cineasta de Hollywood y gran fotógrafo que publicó con Hemingway; don Albino, mi profe de geografía; el Xocas… y hasta Julito Losada, “el rojo”, que le salvó la vida a mucha gente a la que ayudó a exiliarse en plena dictadura.
—- ¿Y cómo era posible que en un canal del Régimen colaborase tanto “enemigo”?
Todos nosotros y los colaboradores sabíamos disimular los colores y por ejemplo, si íbamos al Festival del Doiro, a Porto, en vez de hablar con el ganador, entrevistábamos al perseguido, que era Zeca Alfonso; hablábamos sobre la ligazón entre el folklore portugués y el gallego… y de nuestras dictaduras. ¡Nos reíamos mucho! Aquella fue una etapa de radio en la que mezclábamos los discos dedicados con la canción social brasileira. Fuimos colando el galego en la música y la palabra, a través de los espacios culturales…
De “La Voz del Miño” guardo secretos profesionales y trastadas periodísticas que bien me pudieron costar la cárcel. Además de por los contenidos… porque teníamos un comisario político que nos denunciaba haciendo hincapié en la “propaganda comunista”. A Odilo Caneiro, director de la emisora, le debe Ourense la expansión de la cultura gallega, en la época más difícil de la censura franquista.
XERARDO RODRÍGUEZ



