TRAZOS Y TROZOS (de mi vida)

LA CENSURA

Un año después de la visita de los niños de Piornedo, en Vigo se nubló el día y las nubes nos negaron el cielo enrojecido de Cíes en otoño. José Andrés Hernández me había contado:

—- Lo siento, pero si quieres hacer “Galicia de Noite” tendrás que hacerlo gratis…

—- ¿Y eso a santo de qué encíclica papal?

—- Porque no hay financiación, la agencia no renueva el contrato.

Me mintió. “Programeco”, el exclusivista, quería renovar aquel contrato por otros cinco años. El equipo propuso bajarse un porcentaje de los complementos salariales, lo que en la radio se llaman las realizaciones. Pero no hubo manera…

“Galicia de Noite” anocheció al día siguiente con el periodista Manuel López Prado al frente y gente de confianza en la redacción. Hicieron un bodrio y asesinaron la radio-revista que a partir de entonces se emitió en Radio Popular de Galicia solo un mes. Todos, incluso yo, nos pasamos al Butano.

Por orden del señor obispo que a su vez había recibido una sugerencia del señor gobernador, nos robaron el programa y nuestra libertad profesional. Nos censuraron, sí.

Dos días más tarde de que ocurriera todo, me marché para siempre de aquella emisora a pesar de mis cuatro bocas que alimentar a bordo. Partí en busca de mi futuro al oráculo de las montañas de Ancares, a meditar en la campa de los Tres Obispos. Iba cargado de esperanza y confiaba en encontrar una radio libre que nos permitiera a todos expresar nuestras ideas con las que enfrentarnos a quienes querían imponernos las suyas.

Ese día llegó, pero antes tuvimos que crear una pequeña cadena de radio con algunas alianzas. Para comer, la publicidad se apropió de mi voz y rayano en la desesperación a punto estuve de irme a Madrid con Elías Rodríguez, que compartía su trabajo en Radio Centro con sus Estudios Abaira, los mejores de doblaje y grabación de cuñas y spots. Elías es un gran amigo de esos que no olvidas, por algo es hijo predilecto de Trabada.

LA PUBLICIDAD

Pero me quedé en Vigo para fundar Publigal, la boutique de la publicidad. Nos instalamos en el corazón de la ciudad, en las Galerías de Príncipe, nos hicimos con una importante cartera de clientes y las cifras de facturación nos permitieron especializarnos en los medios aéreos: compramos una avioneta, un globo y un ultraligero; lo suficiente para pasear por el cielo de Galicia los slogans más originales de nuestras grandes campañas, incluso las electorales.

En Radio éramos sin duda los mejores: nos hicimos con la exclusiva del informativo de las dos de Radio Vigo, al que bautizamos como “Mediodía en Punta”. Presentado por mí y con una redacción muy joven, consiguió sobrepasar los doscientos mil oyentes y derrotó al “Jaque a la Actualidad” de la COPE, que nunca volvió a levantar cabeza.

La prensa se convirtió en un medio complementario de todas nuestras acciones. La estrella era el globo, que reunía a miles de personas en los lugares desde donde despegaba, nunca en Galicia se había visto cosa igual. Todo iba como las rosas para nosotros, aunque yo soñaba con volver a la radio y sentirme integrado en la sociedad perfecta, la de los noctámbulos de “Galicia de Noite”.

Hubo suerte y Radio Noroeste nació y creció conmigo de director convirtiéndose en la cadena líder del sur de Galicia, según los datos de EGM.

RADIO NOROESTE

Una funcionaria muy amiga, me dio el chivatazo:

—- La Xunta va a conceder emisoras de FM. Yo que tú me prepararía socios e iría a ver al Todopoderoso.

Ese era el vicepresidente Xosé Luís Barreiro Rivas, a mi entender el de más talla política de la Galicia autonómica al que derribó su propia ambición y el sistema de mando piramidal del Partido Popular, en el que la lucha por el poder no permitía entonces -y aún ahora-, que el hijo del relojero de Forcarei le ganase una sola batalla al hijo del presidente de la Audiencia de Pontevedra.

¿Os acordáis de los de la boina y de los del birrete? Pues así andaba entonces la cosa política: los urbanitas no consentían a los del rural meter baza en el mando. Solo hubo dos, que yo recuerde, capaces de hacer frente a quienes se apoyaban en el Opus Dei y en los restos del más rancio franquismo. Fueron Barreiro -hasta que se retiró de la política- y Pepe Cuiña, hasta que viajó al espacio. Hubo un momento en que, políticamente, los civis no pintaban nada al lado de los keis, los creadores de las más fuertes raíces peperas en todo el territorio.

Esto ocurría en la política, seguía gobernando el PP. Entonces consigo una importante alianza con Faro de Vigo -con Javier V. Sánchez-Puga y Manolo Comesaña-; y con un par de amiguetes ricos con pocas ganas de aventuras económicas.

—- Ya serían dos buenos amigos.

—- Sí, pero es que su dinero tampoco hacía nada en el Banco.

Aquel consejo de administración tenía muy buena pinta y una vez formada la sociedad Radio Noroeste y ultimado el expediente administrativo, el Todopoderoso Barreiro nos concedió -todo lo concedía él- cuatro frecuencias en Lalín, Verín, Ponteareas y A Estrada. Siempre se lo agradeceré porque aquello nos permitió demostrar que los gallegos fuimos capaces de ocupar el número uno del ranking, con menos potencias y peores emplazamientos de emisión que los caciques madrileños asociados a los caciques autóctonos.

Para aquel entonces había desaparecido del mapa la radio local y había nacido la radio clavija, con gran pérdida de empleo en el medio radiofónico. Las empresas locales, casi todas “familiares”, cedieron sus mejores espacios a la SER; la COPE la imitó; otras empresas estatales metieron baza a base de comprar concesiones de frecuencias, como por ejemplo Telefónica. Es decir, no se trataba de hacer buena radio, de tener medios de comunicación propios, sino más bien de hacer negocios y conseguir el poder mediático.  

Sin embargo, en aquel consejo de Radio Noroeste con tan buena pinta figuraba un negociante que se hizo rico cuando logró ser el intermediario de la venta de las cuatro emisoras a Santiago Rey, editor de La Voz de Galicia. No voy a concederle el placer de citarlo porque la vida me demostró que había tropezado con un golfo, que iba para bombero del aeropuerto y terminó siendo un profesional de la estafa.  

(Continuará)

XERARDO RODRÍGUEZ