TRAZOS Y TROZOS (de mi vida)

GENTE DE PIORNEDO DE ANCARES

 —- ¿Y cómo te fuiste a Piornedo, María?, -le pregunté cuando navegábamos en un pesquero por la Ría de Vigo…

—- Ninguna maestra quiere este destino. Entre otras cosas porque está lejos e incomunicado por la nieve durante muchos días de invierno… En Ancares solo hay carretera hasta Degrada y una mala pista hasta Piornedo. Los demás pueblos solo tienen caminos de carro. Si te pones enferma, tendrás que resolver tú el problema porque el médico más próximo está en Becerreá, a tres horas en Land Rover… si no hay nieve. ¡Porque si la hay puedes pasarte un mes sin poder salir de Piornedo!

—- Pero Piornedo de Ancares es una aldea prerromana, de enorme valor histórico y cultural…

—- Sí, pero antes de hacer la carretera hubo que levantar un refugio para montañeros y cazadores, porque acostumbraba a ir Fraga a matar urogallos… ¡Tiene tal desfachatez que hay uno disecado en el Refugio con una placa que pone: “cazado por su excelencia el ministro de Información y Turismo, don Manuel Fraga Iribarne”!

A María González, la maestra de Piornedo, me parece recordar, los niños de aquel grupo le llamaban Manolita… ¿O era que a mí me bailaban los nombres?

Este viejo oficio, que es mucho más viejo que yo, también te da sus alegrías. La mayor de mi vida profesional fue conocer aquella mujer enjuta, bella de alma y cuerpo, detrás de cuyo rostro se escondía más de un misterio y una infinita bondad. Porque ella a su vez me permitió conocer a 20 niños con los que aprendí a amar un poco más a este país; a ellos les debo mi actual pasión por la gran montaña.

Mi compañero -y amigo desde siempre- Xulio Xiz, escribió la primera página de aquella inolvidable noche de radio…

Nos hablábamos todas las tardes para que ver qué temas íbamos a tratar desde Lugo en “Galicia de Noite” cuando su agudeza periodística puso sobre la mesa aquella carta…

“Somos los niños de la Escuela de Piornedo de Ancares y les escribimos pidiéndoles ayuda para ir de excursión. Nunca salimos de nuestro pueblo y nos gustaría mucho ver el mar…”

Nos emocionó a toda la Redacción tanto que Xulio abrió el programa leyendo la carta íntegra desde Radio Popular de Lugo

El resto, fue toda una lección de solidaridad desde todos los rincones de Galicia. Abrimos los teléfonos y solo escuchábamos…

—- Buenas noches. Yo soy Aurelio García, de Redondela. Disponed de un autocar de los de lujo…

—- Hola, soy Antonio Besada, delegado de Iberia. Les llevaremos a dar un paseo en un avión de los nuestros…

—-   Soy del Mesón de Alberto, les invitamos a comer o a cenar…

—-   Soy del Restaurante el Castillo… También les invitamos…

—-   Aquí Tarilonte, del Hotel de La Toja… Dispongan del Gran Hotel para una noche…

—- Hola, buenas noches. El Hotel Peregrino de Santiago se suma a la Operación…

—- RENFE ofrece llevarles en tren…

—-  Soy Contreras, de El Corte Inglés… Contad con regalos para todos esos niños…

—- Boas noites, son de Comisións Mariñeiras… Nos poñemos un pesqueiro dos de Redondela para percorrer toda a Ría de Vigo ou ir onde queirades…

Mucho me gustaría haber guardado aquella lista de gente generosa que hizo posible que 20 niños que nunca habían salido de Piornedo de Ancares, no solo vieran el mar, sino que descubrieran que detrás del Mustallar había otra vida mucho más cómoda, aunque quizá menos sana que la de ellos… Supongo que bastará con decirles a todos que jamás conocí la felicidad de un niño hasta que conocí a los alumnos de la Escuela de Piornedo de Ancares

El trayecto que recorrieron en una semana de vacaciones fue Piornedo-Vigo, con primera noche en Lugo para subir al tren y jugar como si todos fueran maquinistas… Luego, en Santiago, después de ver la Catedral y abrazar al Apóstol, vieron como volaba el Botafumeiro, antes de subirse en Lavacolla a un avión de Iberia… También los llevamos a A Toxa y comenzaron a ver el mar, poco a poco, por las ribeiras del Ulla primero y de la Ría de Arousa después… 

En la playa de A Lanzada, ante aquella inmesidad, me quedo con una frase de Susiño…

—- ¡Carallo que poza mais grande!

Susiño dormiría en la bañera del Gran Hotel de la Toja “porque ista cama e moi blanda para mín”.

El agua estaba helada –era junio- pero todos se bañaron o cuando menos mojaron los pies, que no teníamos tiempo para enseñarles a nadar…

Les entusiasmó aquel paseo en barco, acompañados por los mariñeiros de Redondela, donde les enseñaron a pescar…

—- Eu cando sexa grande quero ser mariñeiro…

Y qué decir de la visita a “El Corte Inglés”, de donde salieron cargados de juguetes… 

O la cena en el Castillo, donde todo el mundo pedía…

—- Pasade ese peixe que ten cáscara –las cigalas- que é o que mellor sabe…

Aquellos niños –me contaba mi amigo y pediatra Manolo Basanta que ojalá esté disfrutando de su Cielo- estaban todos con riesgo de contraer el “bocio” y aquel viaje les yodaba para una buena temporada… Manolo había reconocido a los 20 en su consulta, uno por uno…

Ni que decir tiene que aquella excursión les resultó inolvidable y maravillosa a aquellos niños cuyos rostros tengo grabados en mí memoria.

Con alguno de ellos aún mantengo relación, como por ejemplo José Amigo, que es guarda de Ancares y que me obliga a ir casi todos los años para que siga desarrollándose en mi interior el espíritu de la gran montaña…

El día que nos despedimos todos lloramos como si fuese el fin del mundo. Susiño se agarró a mis pantalones gritándome…

—- ¡Eu quédome contigo! ¡Non quero ir mais a Piornedo!

—- Non te preocupes, Susiño… Eu prométoche que vou a xogar contigo a Piornedo dentro de uns días…

—- ¿Promételo?

—- Prometido…

—- Prometéuno, Manola. Ahora ten que vir porque, como ti nos ensinaches, as promesas hai que cumplilas…

—- Por certo, María… ¿Por qué os nenos te chaman Manola ou Manolita?

—- Esa é unha historia moi longa…

Al parecer María González había sido o aún era monja, aunque detrás de su mirada subyacía un amor imposible que, seguramente, aumentó ese espíritu de sacrificio admirable que tanto nos impresionó a todos. Me pregunto qué habrá sido de María… ¡O de Manola! No volví a verla desde aquel mi primer viaje a Ancares, en aquel caluroso agosto de 1979.

Pero esa es otra historia.

Pocos de aquellos niños se quedaron en Ancares cuando llegaron a la edad laboral. La mayor parte vive en Barcelona, por entonces Tierra de Promisión para quien tenía prisa por salir de lo que llamaban el “infierno blanco”.

Alguno se está muriendo de morriña, otros matan la saudade con el carnet del Barsa y solo uno, que yo sepa, Manuel, regresó a Piornedo para construir un confortable hotel en el que da gusto conversar con José Amigo y esa gente a la que no es fácil olvidar…

La escuela de María o Manolita, lleva muchos años cerrada, tal vez por ello en Piornedo ya no hay niños que te hablen con entusiasmo de sus montañas, de los animales del bosque, de ese paisaje que se te mete en el alma; por eso es siempre el más amado…

Cuando me acompañaste a Ancares en Galicia Única, algo te anticipé de esta historia, en la que hoy desciendo al detalle porque, cuando cesen las nieves y florezca la carqueixa, volveré allí para recomponer la vida. Con José Amigo subiré al Mustallar y desde allí, con la ayuda de mi meiga, veré si este mundo, de una vez por todas, lo quiebra un meteorito o algún partido político… En el Mustallar siempre hay nieve… y espejos mágicos de hielo.  

ME HUBIERA GUSTADO SER UN NIÑO DE ANCARES

Estaba yo asomado a la ventana aquel invierno de nieve intensa y se me ocurrió pensar en lo fácil que hubiera sido mi vida aquí, en este lugar al que no llegan los malos y la naturaleza contagia el bien al prójimo cercano, gente generosa como ninguna otra de mi convivencia.

Si hubiera sido un niño de Ancares y crecido como estos jóvenes amantes que hacen el amor en la campa verde a pesar del frío, seguro que hoy no sería un viejo cascarrabias y criticón, guerrillero sin ejército contra los abusos, maltratos y crímenes de lesa humanidad que se cometen cada día de nuestra cómoda existencia.

Tampoco me indignaría con el mero avance del Telediario y para nada me importarían esos politiqueiros que solo se preocupan de sí mismos, montando repúblicas imposibles, elaborando presupuestos mal repartidos, haciendo pactos con el diablo o robando incluso todo el dinero posible del que pasa por sus manos.

Si mi madre hubiera sido la maestra de Piornedo como lo fue mi amiga Manola, hubiera nacido igual entre los brazos de la hierba; o mejor aún, junto a las gallinas, las ovejas y la vaca que compartían el calor de la palloza.

Te dirás que soy un loco romántico, pero no es verdad. Soy un egoísta al que le hubiera gustado vivir esta grandiosidad habitada por unos pocos, junto al perro viejo, el ganado harto de sabrosa hierba y los otros animales que se esconden tras su propia libertad en el bosque magnífico en el que crecen árboles fantásticos de origen incierto. Te pregunto…

—- ¿Despreciarías tú la oportunidad de escuchar el silencio del amanecer, solo interrumpido por canciones de pájaros, o el de los atardeceres, cuando únicamente se escuchan aullidos de lobo y graznidos de águila?

Pues yo no. Por eso he vivido intensamente el escaso tiempo que pude dedicar a convivir con la gente de Ancares, a pisar los caminos y a escuchar las historias que me contaban los abuelos, con el telón de fondo del más amplio territorio, sentados todos sobre la granítica roca que toca el suelo y recibiendo de cara el viento libre que curte los rostros.

Hoy pongo aquí el punto final a esta crónica, que no lo encuentras mas bello. Hasta mañana, mi gente. ¡Buenos días y buena suerte!