TROZOS Y TRAZOS (de mi vida)

INFLUENCIAS

Cuando dirigí TVG, por los listados del personal fijo, supe enseguida como se habían llevado a cabo las primeras oposiciones de la plantilla, a finales de 1984. En la tele abundaban, al igual que en la radio pública, los apellidos de ilustres políticos y de alguna gente influyente perteneciente al mundo de la comunicación gallega.

Había muchos más del norte que del sur, pero bien se veía como los partidos políticos se habían repartido -con proporcionalidad parlamentaria- un alto número de plazas, asegurando a los hijos de los ilustres un empleo para toda su vida, con sueldos envidiables y las prebendas propias de la empresa pública.

Para manipular bien este asunto, el consejo de administración, electo por las formaciones con representación parlamentaria como si se tratase de una comisión más de la cámara autonómica, tenía dos competencias básicas: las que se referían al personal y a la aprobación de los presupuestos que, eso sí, debería refrendar el Consello de la Xunta.

Una vez más los políticos catalanes habían amarrado bien sus atribuciones sobre “su tele”. Digo los catalanes porque los gallegos nos limitamos a plasmar como estatuto de la Compañía de Radio y Televisión de Galicia la norma catalana, copiando incluso puntos y comas.

Los grandes beneficiados económicamente por la TVG fueron -y aún lo son- los dueños de los periódicos que se editan en la comunidad. Esta es una de sus más importantes vías de ingresos ya que se le encargan programas y servicios que bien podrían hacerse en la casa o cuando menos por empresas más humildes, a las que los grandes medios subcontratan a cambio de llevarse millonarias comisiones. Es una manera corrompida de pagar los elogios periodísticos y el apoyo a los políticos. De todos los signos, te digo, porque si no… no se explica que nadie se haya interesado nunca a lo largo de su historia por las cuentas de la CRTVG, siquiera en su propia comisión parlamentaria.

A pesar de los pesares, me siento muy orgulloso de haber dirigido la televisión pública de mi país porque me permitió la popularización de nuestra maltratada cultura: la telegaita se convirtió en a nosa televisión y en tan solo dos años pasó a ser el primer medio de comunicación de esta Galicia hasta entonces siempre sometida por el capital o por la capital del Reino.

Recuerdo en Nuoro, Cerdeña, las palabras del presidente de la comunidad cuando le mostré el folleto que publicitaba nuestros programas:

—- ¡A! ¿Pero ustedes tienen televisión propia? ¡Entonces son un país!

TVG fue ejemplo en toda Europa de televisión autonómica… capaz de hacer espacios infantiles con personajes y músicas propios, programas musicales a la altura de cualquier canal para promocionar a nuestros artistas, series hechas aquí con maestros de la interpretación que conquistaron la ficción a nivel internacional, divulgativos para que la gente pudiera presumir de idioma y cultura, informativos independientes capaces de contar lo que ocurría aquí y aún más allá, apoyando especialmente a nuestro deporte…

La TVG movió los hilos con habilidad para conseguir hacernos con los derechos del futbol profesional, aunque fue Jaume Roures quien presumió del logro en TV3, pero todo el mundo sabe cómo David venció a Goliath.  

Me dio mucho gusto llegar a Madrid y que los grandes profesionales del medio me felicitasen por nuestra labor en Televisión de Galicia.

Me hago cargo de los fracasos aquí y ahora, pero déjame que de las gracias por los éxitos a los cinco directores de área que formaron aquel equipo directivo del que siempre presumí. Conste que fuimos los únicos ejecutivos de España que nos nombró un presidente del PP y que seguimos al frente del canal con el PSOE y el BNG gobernando en la Xunta. Luego vendría a la conquista de su Baviera don Manuel, Fraga Iribarne, aquel ministro de Franco encumbrado también como líder por la Democracia, que según su discípulo Federico Trillo, “mandaba huevos”.  

Antes de que los periódicos del día contasen mi cese, el conselleiro encargado de hacerlo efectivo con acto protocolario en San Marcos, ya sabía que yo sería el vicepresidente de Yurital News, una revista en soporte digital con circulación internacional.

Víctor Vázquez Portomeñe y yo comimos juntos días antes para intercambiar secretos y por él me enteré de que Fraga no me quería ver ni en pintura porque no había respondido a su invitación de un almuerzo en el que pretendía conocerme mejor.

También supe que mi sustituto iba a ser el periodista José Francisco Rodil Lombardía y no Arturo Maneiro, como pretendía el Opus Dei.

Aquellos días dejó de sonar el teléfono y en los periódicos había cierta euforia con el cambio, porque las multimedia gallegas esperaban aumentar las ventas de programas a una televisión pública ya consolidada, con mucha audiencia, personal muy cualificado y con capacidad técnica para hacer lo que se propusiera. No precisaban los medios públicos de ayuda externa para triunfar en el país.

Pero se acercaba la era Internet y los periódicos entraron en crisis, vendían cada vez menos ejemplares y los publicistas elegían otros medios para sus campañas. Esa es la razón por la que los editores de prensa escrita volvieron a sus principios… y TVG volvió a adjudicar su tiempo principal a las productoras multimedia.

ANÉCDOTAS  

La gente con la que me resultaba más difícil entenderme era esa que ahora llamamos “los emprendedores”, de los que muy pocos son de fiar. Es una subespecie abundante en la sociedad moderna y su vocación se basa en el dinero. Cuanto más, mejor. Recuerdo la respuesta que me dio un rico emigrante, en Buenos Aires, cuando, en una noche de tango, me atreví a preguntarle…

—- ¿Y usted como consiguió su gran fortuna?

—- Grande grande, lo que se dice grande no lo es.

—- No sea usted modesto…

—- Yo me dediqué siempre a la compraventa. Compraba producto a 100 dólares, un suponer, y lo vendía a 200. Y con ese modesto 2%…  ahorré algo, menos de lo que yo quisiera. 

Aquel hombre fue todo un precursor de los fondos de inversión. Era de Celanova y ahora es el más rico del cementerio.

La primera visita de un productor que recibí en el despacho de TVG fue la de Pilís Outeiriño, acompañado de Alfonso Sánchez Izquierdo, que llegó a ser director general del Ente. Tras una efusiva bienvenida le pregunté a Pilís si venía a contratarme para que le llevara el periódico a Madrid y para que firmara sus artículos, a lo que me contestó…

—- Tu siempre fuiste un periodista muy caro…

¡Como si aquella humillación de hacía unos cuantos años hubiese sido una broma!

Los emprendedores son todos muy parecidos. Hubo uno que me preguntó con dos cojones…

—- ¿Tienes hijos?

—- Sí, tres.

—- Pues tendrás que mirar por su futuro…

Fui rotundo:

—- Si lo que quieres es comprarme para que apruebe tus bodrios es posible que lo logres… ¡Pero, joder, mi precio está tan arriba que no te llegará nunca el presupuesto completo!

Y aquel hombre, un veterano de TVE, dio un puñetazo en la mesa y se fue sin despedirse. Pero mi sucesor le firmó el bodrio aquel. Estuvo emitiéndose durante varios años.

Claro que eso no es nada. Gerardo González Martín me contó que un productor vasco, muy conocido en el PP y en el ambiente, tras negarle la compra de un programa, le rompió la mesa de cristal con un cenicero de esos que pesan mucho.

Cuando fui yo el director también quiso verme y tras limpiar de ceniceros y objetos pesados el despacho… le recibí con una factura en la mano por los daños causados en su anterior estancia. La pagó posteriormente mediante ingreso en cuenta… pero su programa -aquel que quería venderle a mí tocayo- nunca se emitió estando yo al frente de la tele.

José Luís Moreno, el de los muñecos, tenía mucho interés en conocerme y aprovechó una reunión a la que asistí en Donosti con la gente de ETB, para hacerme tragar parte de la grabación de aquel inconfundible programa suyo: el “Entre amigos” de siempre que iniciara en Canal 10 como productor, presentador, guionista y director.

Nos llevó a comer al restaurante de Arzac a Cachi Villanueva, que era director de programas, y a mí. Le acompañaba un rubito de su ballet, de cuyo nombre no me acuerdo. Nada más sentarnos, el joven encendió un Marlboro como si fuera el vaquero del anuncio, acto que le recriminó Juan Mari con su habitual carácter bonachón…

—- Fumar aquí, en este templo de la gastronomía es un sacrilegio; por favor, apaga el cigarrillo.

Añadí yo…

—- Sí, por favor, que yo soy bronquítico.

Y me contestó como si fuera el rey de la creación:

—- Si sé que no se puede fumar me quedo de self service.

Moreno lo que pretendía era colocarnos en prime time su gran programa, pero teníamos un musical ya diseñado para aquel verano de 1987 y otro más para la temporada de invierno, de producción propia.

Los viernes noche TVG siempre fue líder de audiencia gracias a que asentamos excelentes espectáculos en la parrilla. Al frente de ellos tuvimos a Fernando Navarrete, sin duda el mejor director y realizador de este tipo de espacios.

Esto va de espionaje: un día Juan Corral entra en mi despacho hablando bajito para contarme…

—- ¡Te han instalado micrófonos en el despacho!

—- ¿Dónde?

—- En el techo.

Enseguida trajo una escalera, descubrió el micro, siguió el cable y nos enteramos de que había un sindicalista demasiado curioso. Me hizo mucha gracia y lo dejamos porque podía ser un buen testigo de nuestro trabajo, del que no teníamos nada que ocultar y sí mucho de que presumir. Un día, cuando yo ya estaba en Madrid, me encontré al interfecto en Lavacolla y me preguntó…

—- Tengo una curiosidad: ¿Por qué dejaste aquel micro en tu despacho después de descubrirlo?

—- Porque tú eras una buena persona y en caso de que alguien intentara corromperme serías el mejor testigo.     

XERARDO RODRÍGUEZ