TROZOS Y TRAZOS (de mi vida)

ABILIO          

En aquellos días convulsos del golpe de estado en la Xunta, yo seguí trabajando en la Radio Galega porque Abilio Bernaldo de Quirós había sido nombrado director general de la CRTVG por el presidente Fernández Albor, quien, al menos aparentemente, había calmado la conspiración. Él también tenía claro que yo debería seguir al frente de la radio pública, pero nadie le había facilitado un nombre para ocupar el mismo cargo en la TVG. De lo que estaba seguro era de que no le servía Blanco Campaña, el famoso Camariñas, porque no se fiaba de él.

Yo le sugerí a Gerardo González Martín y tras consultar con gente del oficio, allá apareció mi compañero querido, con el que casi siempre lindó mi vida profesional. Allá en San Marcos, en el despacho principal de la tele. 

Sin embargo, mi tocayo, con una brillante biografía, pero con una pesada losa sobre su cabeza, no resistió las obligaciones del cargo y dimitió cuarenta días después de haber sido nombrado. El día de su fallecimiento, en Vigo, el 17 de julio de 2021, me enteré de que era bipolar; nunca me lo había contado a pesar de nuestra íntima amistad. Esa fue la causa que le obligó a dejar la televisión pública, a pesar de su inteligencia y de su capacidad de gestión.

Lo sentí muchísimo, sobre todo cuando empezó a circular aquello de Gerardo “El Breve” y Xerardo “El Bravo”, que en este este oficio hay muy mala gente y si los envidiosos volasen no veríamos el sol.

Verás. Era fin de semana y nos fuimos a Sanxenxo. Había que darle muchas vueltas al asunto, aunque Abilio se empeñó en una solución…

—- Lo que necesitamos es un director para la radio que para la tele ya lo tengo.

—- ¿Cómo?

—- Sí te voy a nombrar a ti director de TVG y tú, que tanto quieres a tu radio, búscale un director, que siempre te será más fácil.

—- No Abilio, yo no tengo ni idea de televisión, no puedo aceptar.

—- ¡Pues no te queda otro remedio! ¡Porque ya te he cesado en la radio!

Al final solo puse dos condiciones: que no tuviera ningún rechazo ni del Consejo de Administración de la CRTVG ni de la Xunta de Galicia. Y no hubo noes, pero sí el silencio sepulcral, absoluto, del vicepresidente Mariano Rajoy que se hacía pasar conmigo por “un amigo de toda la vida”.

Jamás desde aquel día le di la mano ni le dirigí la palabra. Ni siquiera respondí a sus invitaciones oficiales y solo una vez, cuando ambos los dos ya estábamos en Madrid, me invitó a comer. Pero aquella conversación pasó sin pena ni gloria.

Abilio Bernaldo de Quirós fue, sin duda, el mejor profesional y la mejor persona que he conocido en mi vida. Nunca lo olvidaré. Yo dirigí la Televisión de Galicia porque así lo quiso y fue un placer inmenso trabajar con él. Simplemente te diré que fue un gran jefe que en vez de darte los buenos días te contaba un chiste… para animarte. Porque, tenía razón mi tocayo, se necesitaba mucho ánimo en aquella época.

DROGAS

Llegué a la TVG y el guardia jurado no me abrió la barrera porque mi coche no estaba registrado, por lo que tuvo que confirmar con mi secretaria que yo era yo, el nuevo director. Mientras esto ocurría, dos tipos con cara de mafiosos vigilaban la maniobra desde una furgoneta blanca, a diez metros de la entrada. Le pregunté al guarda…

—- ¿Esa xente que é? ¿Qué fai ahí?

—- ¡Son Os Zamoranos!

—- ¿E que fan?

—- Seica venden droja…

—- ¿E ti non os botas de ahí?

—- ¿De ahí de dónde? Esa carretera é pública, non é a miña competencia.

—- ¿É porqué non chamas a policía para denuncialos? Porque cando están ahí é porque venderán a mercancía a xente que traballa aquí.

—- Ay eu deso non lle sei…

Preocupado tanto por los camellos como por la actitud del guarda, entré en el despacho con Purita, mi nueva secretaria y gran amiga tras el paso del tiempo, que pocas personas responden con tanta eficacia en su trabajo, indispensable para mantener la responsabilidad de ser la persona de máxima confianza.

Lo primero que me dijo fue:

—- Quere verte Carmen, unha das limpiadoras. Está na antesala esperando desde hai unha hora. Atópase moi nerviosa…

—- ¡Dille que pase!

Luego, sentada frente a mí, con el rostro lleno de tristeza, Carmen me confesaba:

—- ¡Eu non aguanto mais, señor director!

—- ¿É logo?

—- ¿Podería vir conmigo os servicios? ¡Quero ensinarlle algo!

Allá fuimos los dos a los wáteres de la planta baja. Fue abriendo de uno en uno varios compartimentos y mostrándome, llena de jeringuillas, la taza del inodoro.

Aquellos principios para mí, que había vivido en Vigo los tiempos de la Generación Perdida, eran terribles. La presencia de Los Zamoranos a diez metros de la entrada de los edificios de la tele y aquel panorama que me mostró Carmen, me anticipaban que en TVG había mucho drogadicto.

Así que, limpiar de drogas la casa se convirtió en mi prioridad. Y lo conseguimos.

Al día siguiente fui a visitar al gobernador civil de A Coruña, Ramón Berra. Me recibió en su despacho junto al jefe de la brigada antidroga de Galicia, que me desplegó sobre la mesa las fichas de todos los trabajadores de la tele que estaban enganchados a la heroína, por una parte; las de los cocainómanos, por la otra; y hasta las de los que fumaban porros.

Me quedé de piedra cuando vi que estaba fichada la presentadora del programa infantil, algunos otros rostros más o menos conocidos y las caras de algún mando intermedio. ¡Era como para desesperarse!

Cuando regresé a San Marcos fui recibiendo, con fotocopias de las fichas policiales en la mano, a los casos imposibles. Uno a uno, les ofrecí:

—- Si te vas te damos una indemnización y te buscamos ayuda en el proyecto Hombre, con la condición de que no vuelvas si no te has rehabilitado.

Algunos casos merecieron un tratamiento especial porque padecían enfermedades incurables, caso del jefe de emisiones, la presentadora de marras, el más popular de los guionistas y un cámara. Por los cuatro lloré en sus entierros con la satisfacción de que de las puertas de TVG se habían ido Los Zamoranos: los había echado la Policía Nacional al día siguiente de mi visita al gobernador.

Solucionado el mayor problema, comenzó el cambio de programación y de estilo.

                          TELEGAITA

A nosa televisión”, cuando comenzó mi etapa como director, recibía el apelativo popular de “telegaita” por sus programas-símbolo; a pesar de que solo tenía como competencia a los dos canales públicos de RTVE, su audiencia era escasa y se centraba, casi exclusivamente, en el público objetivo de las zonas más rurales del país, en las que arrasaba “Ruada”, espacio dirigido por Xosé Luís Blanco Campaña, mi predecesor.

—- Unha horterada…

Eso es lo que decía la mayoría del nuevo equipo directivo a los que pedí su opinión. Nos reunimos todos en A Toxa menos Pedro Revaldería, jefe de Informativos; él sabe muy bien el porqué de su ausencia.

De allí salió nuestra primera parrilla que pondríamos en antena en septiembre del 1987.

Se nos tiene que reconocer cuando menos originalidad, novedad, variedad en el menú y sobre todo el hecho de que la mayor parte de los programas de entretenimiento tenían todos carácter formativo y la cultura gallega era una absoluta prioridad.

Una vez asentada aquella parrilla, surgieron de nuestra imaginación programas musicales en una piscina, concursos para desarrollar el conocimiento del país, magazines con personajes de moda y de actualidad… Y comenzamos a ganar audiencia superando a TVE, considerada por aquel entonces el segundo mejor canal de Europa.

Aquella TVG colocó el mapa de Galicia en el Mundo con las retransmisiones en directo de acontecimientos deportivos -el mundial de hockey-, o los grandes shows en directo desde el Parque de Castrelos en Vigo, con participación de los mejores artistas del momento y emitidos por casi cien canales de Europa y de todo Latinoamérica. Esta fue la primera experiencia de este tipo que se hizo desde territorio español, con un importante despliegue técnico.

Por primera vez una televisión autonómica retransmitió en directo la visita de un Papa, concretamente Juan Pablo II, pese a la oposición de Monseñor Rouco Varela que prefería que lo hiciera TVE.

La televisión pública estatal quiso negociar la titularidad de la retransmisión más importante que se hizo desde Galicia en toda la historia -135 canales recibirían esta señal-; y mandó a San Marcos a una delegación encabezada por mi amigo Diego Carcedo, que insistía…

—- Pero la Iglesia quiere que hagamos nosotros el trabajo.

Y yo le contestaba…

—- Sí, pero nosotros tenemos un contrato firmado con el dueño del solar, que solo puede autorizar la entrada de nuestras cámaras, así que será TVG quien facilite la señal a quien quiera comprarla.  

—- Pero la Iglesia tiene al Artista.

—- Y nosotros el solar. Si quiere organizar aquí la Jornada Mundial de la Juventud o la retransmite TVG o se busca otro solar.

Al final, pesó el solar más que monseñor Rouco, arzobispo de Compostela, y la TVG, con “la colaboración especial” de RTVE llevó a cabo toda la programación de tan importante visita.

El solar no era otro que el Monte del Gozo.

A nosotros aquel trabajo no solo nos salió gratis; ganamos mucho dinero, aunque ese no fuese nuestro objetivo principal: más de 180 países supieron dónde se ubicaba Galicia. 

Y también fue mi equipo el que inició los telexornales propios prescindiendo de los servicios “de agencia” que nos vendían a precio de oro las empresas editoras de los periódicos; en las ciudades y comarcas más importantes montamos nuestras propias delegaciones. Así, las noticias y las opiniones que salían en pantalla las elaboraba nuestra propia redacción, no las de las productoras de los diarios.

Reducimos la producción externa y los trabajadores de TVG fueron los encargados de hacer los programas más importantes. De esta manera mermó el gasto de producción en un porcentaje elevado, al no existir la intermediación, innecesaria en un canal público con plantilla suficiente para elaborar una programación autonómica. 

XERARDO RODRÍGUEZ