A Teo, con mi bienvenida a la familia.

Nuestro origen como pueblo es galaico, pero también tenemos mucho de celtas y algo de romanos. Por eso basamos nuestras singularidades como pueblo en la mezcla de estos tres pilares. Porque si el celtismo fue una obsesión guerrera, la romanización supuso el mayor avance de nuestra historia antigua y la verdadera transformación de nuestro territorio.  

Los romanos, es cierto, se llevaron el oro, la plata, el estaño y nuestras principales riquezas, pero a cambio construyeron cuatro vías principales. Crearon ciudades, villas y campamentos, obligando a los galaicos a descender de los altos castros a las tierras llanas, las más fértiles. Y sentaron las bases más importantes del turismo rural actual, puesto que fueron los primeros en creer en la importancia del termalismo y de los baños públicos de aguas sanadoras.

Las antiguas vías romanas son la base de los actuales caminos de Santiago y de alguna de nuestras modernas carreteras. Por ellas llegaron nuevas formas artísticas y también los primeros testimonios literarios a los que debemos la crónica de nuestra historia más antigua. De esto, hace más de dos mil años.

Fue un proceso que duró un siglo y tuvo como protagonista al propio Augusto, Cesar de Roma, fundador de la más bella provincia de la Hispania, la Gallaecia; y de su capital, Lucus Augusta.

Los símbolos de aquella Gallaecia perviven al tiempo y suponen auténticas joyas arquitectónicas de incalculable valor, así como obras de ingeniería que causarán nuestro asombro si tenemos en cuenta los siglos que se mantienen en pie.

XERARDO RODRÍGUEZ