El voto del miedo...
Lo único que sabía a ciencia cierta Alfredo, sabio amiense de verano y alicantino de invierno, era que…
—- España esmorece.
Me acuerdo de él porque el miedo se ha instalado otra vez en la aldea y no hay ser viviente por aquí que no sufra temores inconfesables… que sin embargo me cuentan.
—- ¿E ti crees que nos deixarán sin pensión?
Más aún…
—- ¡Imos morrer de fame como pasaba despois da guerra!
O bien…
—- ¡Daquela o que podía emigraba!
Esta es la conversación de la gente que vive en su mundo y aún no se enteró que de la hucha de las pensiones sacan dinero para pagar los pufos, que los comedores sociales están abarrotados y que veinte mil gallegos, jóvenes y sobradamente preparados, se han ido del país en los últimos tiempos.
Esta mañana le he puesto cara al voto del miedo y he llegado a entender a mi gente…
—- ¿De qué futuro me falas? ¡Nos xa non temos futuro!
Y lo peor…
—- Eu estou aquí sentado agardando pola Morte.
Todo en la aldea tiene su explicación.
Aunque la Luna de agosto nos vaya a tapar el sol el día 12, que todo el mundo se va el miércoles que viene a Coruña para ver el eclipse. Hasta el rey demérito anuncia su presencia. Los hosteleros herculinos se están frotando las manos.
Espero que hayas entendido mi retranca inicial porque así comprenderás porqué los gallegos, la mayor parte, son de derechas.
Me dispongo a pasar otro día más en la City, que está a tope de gente que viene a pasar el verano a Galicia y huye de los alquileres brutales a pie de costa. Total, en diez-quince minutos te colocas en la playa. Incluso a mi me huele a mar cuando me subo al Liñeredo para contemplar el valle.
El amanecer, a las siete y media, me pilló esta vez inspeccionando casas nuevas en Covas, después de sentarme un rato frente a su iglesia, para ver como se iba el lucero del alba y entraba a tope el sol que hoy calentará el día hasta pasar de los treinta grados. En mi visión, salió esta vez detrás del monte Castelo a donde he de encararme -si mis piernas aun me lo permiten- para ver si el lusco fusco reúne, en los restos de la antigua capilla que allí hubo alguna vez, a algunos de los que se han ido de este mundo con prisas… y me cuentan que tal se está por el Mas Allá…
— ¿Ya te quieres ir?
— Prisa no tengo ninguna, pero… por saber.
Es que en ese lugar magnífico fue donde soñé una vez que celebrábamos todos, los que estamos y los que no, una gran fiesta en familia, con música y todo…
XERARDO RODRÍGUEZ


