El alma de la abuela vaga por Sorribas...
EL ALMA DE LA ABUELA VAGA POR SORRIBAS
La abuela María viajó de niña a La Habana con su padre Jesús Fernández, a principios del siglo XX. Allí creció y allí se casó con un cubano mulato llamado Miguel Manso. Tuvieron una sola hija, Kenelma, que fue balsera como tantos cubanos de Miami.
Hija de Kenelma y nieta de María es Jenny Bittan, que me contó esta historia en busca de sus orígenes, en la parroquia de Sorribas, del ayuntamiento coruñés de Rois:
Jenny se carteó con su abuela, -con la que apenas convivió en Miami unos meses- hasta que un día dejó de recibir respuesta a sus cartas… Jenny nunca vino a esta Galicia de sus ancestros.
En el cementerio de Sorribas hay, nada mas encarar la fachada de su iglesia, a la derecha, dos panteones de construcción similar a las típicas sepulturas habaneras. Son las huellas del último viaje de aquellos emigrantes a Cuba.
En uno de estos panteones yace para siempre María Fernández, la abuela de Jenny Bittan, que como última voluntad dejó escrito que la enterrasen en el panteón que poseía en este camposanto, al lado de su padre…
La iglesia de Sorribas es románica y frente a ella se inicia un Vía Crucis con catorce cruceiros construidos en el año 1.698, a lo largo de un sendero que deja a su izquierda el núcleo principal y a su derecha una bella y frondosa carballeira.
Es un pueblo muy bello, por lo que no es de extrañar que la abuela María haya regresado aquí para que su alma vague por estos parajes.
Mi amigo el escritor cubano Miguel Barnet me preguntó hace tiempo…
—- ¿Por qué crees que son tan similares algunos cementerios gallegos al de La Habana?
—- No lo sé a ciencia cierta, Miguel, pero quizá porque muchos emigrantes gallegos a Cuba mandaron construir sus panteones a semejanza de algunos que vieron en el camposanto habanero… De hecho, también hay casas de estilo colonial en algunas zonas de Galicia que fueron construidas por aquellos pioneros del éxodo a los que al regresar llamaban indianos.
POR LOS SENDEROS DEL AGUA
Queda aún en esta Galicia de la modernidad alguna gente con oficio protagonista de los mitos que pueblan el paisaje. Responde a la identidad de artistas asociados a la geografía de cada lugar. Es un rico mundo de esfuerzos poco compartidos, nacidos de las posibilidades de la tierra y desde la propia creatividad del hombre.
En ese mundo se mezclaron siempre la cultura y la tradición. Incluso, en tiempos antiguos, se establecían las relaciones sociales de taller o de viejo molino, donde surgían cómplices convivencias no siempre lícitas.
Ayer he subido al Monte San Marcos por los senderos del agua para imaginar cómo los abuelos de nuestros abuelos traían el maíz y el trigo hasta los molinos de la media ladera, río arriba. De ellos solo quedan las huellas en la fraga bonita; pero el río sigue siendo el mismo, el que lleva el agua clara hasta el valle, dando saltos de alegría entre las viejas piedras, sus amigas de siempre.
Lo dejo aquí, este lunes muermo, en el que media Galicia está de vacaciones y la otra media aguantando el lleno por lo mismo. Nos reencontramos mañana, si te parece. Gracias por tu compañía. Buenos días y buena suerte.



