"¿Tendremos nuevamente, como en el "Estado Novo", a la GNR a caballo por el monte, en busca de los que cruzan la frontera?"


El escandaloso y pertinaz cierre de la frontera terrestre entre España y Portugal sigue haciendo correr ríos de tinta. No es para menos. Un tipo no puede pasar de Tui a Valença o de Chaves a Verín, con índices similares de contagios en esas zonas, pero si puede ir desde Chaves por todo Portugal abajo (900 kms)... O recorrer cientos de kilómetros por donde le plazca en Galicia... Y así, mil contradicciones, en uno y otro estado... El caramelo europeo aquel del espacio Schengen -que nos vendieron durante años- se lo pasan los gobernantes por el forro de sus caprichos... eso parecen entender ante esta situación muchos ciudadanos ibéricos, hartos ya cada vez más...

Muy comentado desde ayer el artículo que el columnista português Manuel Pinheiro publicó en las páginas del diario electrónico "Observador". Pinheiro es autor de muy interesantes textos que con frecuencia viene publicando en Observador.pt, site del que fue elegido como "o melhor jornal generalista" de 2018 y 2019 nas 20.ª e 21ª Edição dos Prémios Meios & Publicidade. Con la debida venia, por el enorme interés que para las poblaciones raianas y no tan raianas tiene, traducimos al español, a continuación, el brillante artículo del acreditado columnista, Manuel Pinheiro. Dice así :


Fronteras cerradas: el silencio ensordecedor

Lo que está en juego no es la salud pública, sino el poder del Estado central. Y el abuso de este poder está desgraciando cientos de empresas y miles de puestos de trabajo.

Entre 1986 y 2021, políticos de Lisboa y Madrid nos vendieron el sueño de una Europa con libre circulación de personas, bienes y servicios. Uno de los puntos más destacados de esta política fue la integración de economías y sociedades transfronterizas, apoyadas con generosos fondos como Interreg y enmarcadas con títulos pomposos como Eurocities. Las comunidades transfronterizas correspondieron en su totalidad. Hoy en día, es natural que una familia tenga un cónyuge nacido de cada lado, sus hijos estudien en un país, el trabajo de sus padres en otro, las compras por un lado, el cuidado o la asistencia en el automóvil por el otro (es cierto que todos se alimentan de diesel en el mismo lado, a 1 euro / litro).

Llegamos a 2021; indiferentes a todo esto, Madrid y Lisboa ordenaron el cierre de las fronteras. No les importa que haya familias y empresas cuya vida diaria se hace completamente imposible. Poco les interesa que, a lo largo de este proceso de integración, las comunidades hermanas de la raia se hayan especializado y, por tanto, sean interdependientes. Por un lado hay más restaurantes o más puestos de trabajo, por otro hay más viviendas. De todos modos, cada uno estaba ofreciendo lo más competitivo y las dos partes empezaron a trabajar en armonía. Quienes viven lejos de la frontera no se dan cuenta de que los 35 años de integración europea han integrado, efectivamente, las economías locales.

Hoy, un nativo de Cevide, el pueblo más septentrional de Portugal, puede recorrer libremente los 759 kilómetros que lo separan de la hermosa Vila Real de Santo António con sus playas de agua templada, pero que ni se le pase por la cabeza cruzar el puente de 3 metros sobre el Rio Troncoso que lo separa del lugar español de A Frieira para ir al café o a una tienda de ultramarinos. La infracción de esta prohibición para combatir el Covid-19 obliga a pagar, en Portugal, 200 euros y, en España, 500 euros, como mínimo. En materia de salud pública, no tiene sentido que sea posible viajar libremente a municipios con alta incidencia del virus, pero no entre dos lugares en donde la presencia del virus es igualmente insignificante. Lo que está en juego no es la salud pública, sino el poder del Estado central. Y el abuso de este poder está desgraciando cientos de empresas y miles de puestos de trabajo en todos los ámbitos, precisamente desde Cevide hasta Paradela, el pueblo más oriental de Portugal, y de allí al sur hasta Vila Real de Santo António.

Lo más ensordecedor, sin embargo, es el silencio de los políticos responsables municipales o locales. Una breve búsqueda en la Prensa muestra débiles movimientos, protestas simbólicas. El habitual “tudo está a ser tratado nos locais certos” y algunas solicitudes para abrir pasos fronterizos “en la medida de lo posible”. Peor aún, hay programas especiales para apoyar todo, pero ¿se ha visto algún programa específico para apoyar la economía fronteriza?. Las poblaciones de a raia hacen de la frontera su vida y su economía : esto no se les puede arrebatar... La preocupación por obedecer en aras de estar bien clasificados para intentar obtener fondos de la "bazuca" europea... ¿no se estará sobreponiendo a la urgente defensa del interés de sus comunidades?

La población fronteriza tiene derecho a la apertura de las fronteras, principalmente porque, evidentemente, no existen razones de salud pública para mantenerlas cerradas. No es un "direito da treta". Es un derecho consagrado en el artículo 13 de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que Portugal y España suscribieron. Las comunidades locales y, sobre todo, sus responsables no pueden silenciar por más tiempo esta reclamación : ¡abran las fronteras!

Lo irónico de todo esto es que las autoridades de Lisboa y Madrid, con sus leyes y sus policías, fracasan frente a la historia. Cualquiera que recorra la frontera un poco por todo el país, observará que, allí y allá, coches aparecen estacionados en lugares donde no hay nada que lo justifique, son automóviles vacíos. Pero no están abandonados. Pertenecen a quien, utilizando los viejos senderos y caminos del contrabando, cruza la frontera a pie todos los días y deja el automóvil estacionado para luego seguir camino a casa o al trabajo. Los caminos que durante siglos sirvieron a los emigrantes, refugiados y contrabandistas son los mismos que recorren hoy quienes quieren satisfacer el más cotidiano de los derechos: trabajar para ganarse la vida.

¿Tendremos nuevamente, como en el Estado Novo, a la GNR a caballo por el monte en busca de los que cruzan la frontera?

Manuel Pinheiro.















( Imagen : Pareja de guardias civiles, pintura de Augusto Ferrer-Dalmau

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