¡QUE TE DEN...2020!. ¡Bienvenido...2021!

Déjalo que se vaya. Este 2020 ha sido el año en que nos han dinamitado los límites. No hubo manera de evitar que lo auténtico fuese víctima de la destrucción y nos hemos quedado confundidos, criando monstruos, mientras la espada del miedo se cernía otra vez sobre nuestras cabezas en la Europa unida,  que ya lo es menos tras el Brexit que trae ruina para nuestra gente marinera. 

Nos han dejado a velas vir, como decimos por aquí, en esta aldea… Porque nos han robado hasta los valores.  

—- ¿Quiénes?

Los que frecuentan los cenáculos del poder. A ellos debemos todas estas cosas que nos pasan y que resume muy bien una palabra: política.

—- Actualmente tan ensombrecida por sus escasos logros…

La política de unos cuantos palacios suntuosos y millones de chabolas.

La de la barra libre para robar.

La del periodismo cortesano.

La de la impunidad.

La de la mentira perenne.

La de los ricos cada vez más ricos.

La de la pobreza escondida.

La de los mercaderes de autopista.

La de las mascaradas parlamentarias.

La de los monarcas corruptos.

La de las navajas voladoras.

La de los mediocres en el poder.

La que pone las etiquetas del mal.

La que acecha a los decentes.

La que nos aplasta… ¿Sigo?

—- ¡No, por favor!

Es que aún me queda una pandemia planetaria que trajo la muerte a miles de los nuestros e hizo que enfermaran varios millones de personas. A  estas horas, un bicho recorre aún La Tierra sembrando el terror y hemos sido nosotros mismos, ayudados por el desgobierno, quienes le hemos abierto la puerta de nuestras pacíficas estancias, para que no solo devorase a la generación de sabios que nos quedaba sino que, además, sembrase con ruina los campos de la economía del país.

Al 2020, tan capicúa y tan deseado cuando se fue el anterior año de la década, démosle hoy, mientras las brujas celebran su aquelarre, una patada bien fuerte en el trasero: entierra el año quemando la última hoja de su calendario para cerrarle las puertas de nuestras míseras vidas, definitivamente.

Y entonces…   

Dejemos que se vaya el año siniestro y centremos nuestra esperanza en el que viene. Convoquemos a todas las meigas del antiguo reino para que nos iluminen con la estrella que combate la oscuridad y nos ayuden a traspasar la frontera del bienestar.

Año nuevo, vida nueva.

Aún es posible incendiar los palacios, echar a los mercaderes de nuestros templos y sembrar la verdad en nuestra tierra.

Tracemos todos juntos ese triángulo luminoso para que en él se pose la estrella de la luz y aleje todas las sombras que entristecen nuestras vidas…

Abracemos al nuevo tiempo que nos convertirá en inmunes y que nos va a permitir esforzarnos para conseguir la normalidad más normal… esa que trae salud, trabajo y amor.

XERARDO RODRÍGUEZ, director de www.galiciaunica.es





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