Maldito coronavirus... que también se cargó -en Arbo- la mejor y mayor "Festa da Lamprea"

Se nos quedó ahí, en el limbo obligado por el coronavirus. La edición de este año de la excelsa Festa da Lamprea, en Arbo, no pudo ser. Como tampoco pudo ser en otros lugares, en donde dan cuenta -entre enero y fin de abril- de tan apreciado manjar.
La peste del coronavirus nos alcanzó en plena temporada de lamprea. Los que acudieron pronto, después del inicio de enero, a la llamada de algunos restaurantes, aún pudieron saciar sus deseos, de al menos una vez al año, saborear tan exquisito manjar.

Conozco también a uno que, este año, hizo caso a quien para el es familiar muy querido y aceptó que, en casa particular, se cocinase por fin la lamprea -encargada previamente a una pescadera de confianza-. Y a decir verdad que aquello resultó muy bien. Eran las fechas en que el coronavirus ya estaba ahí, cerrando lugares, anulando fiestas gastronómicas, como esa tan especial que los hermanos portugueses de San Pedro da Torre, en Valença do Minho, llevan a cabo durante tres días cada año; pero que en este 2020 han tenido que anular en lo previsto...

Y es que, además, esto de la lamprea, al ser objeto de veda durante la mayor parte del año, circunscribiéndose sus capturas a solamente de Enero al final de Abril... no da para aplazar fiestas gastronómicas para meses después. O es a su debido tiempo o no es. Y el coronavirus se ha cargado el panorama y los ingresos especiales que cada año, a cuenta de la lamprea, obtenían pescadores del rio Miño (y de algunos otros ríos) y restaurantes del sur de la provincia de Pontevedra y del Alto Minho y Minho português. Lamentablemente ha sido así...

Y como fin de fiesta, por decirlo irónicamente, el odioso coronavirus se ha llevado por delante también a la reina de todas las fiestas de la lamprea, la formidable Festa da Lamprea de Arbo, siempre a celebrar en el último fin de semana del mes de abril.
Cuando la lamprea remonta el padre Miño hasta las pesqueiras de Arbo y Melgaço, esa no es una lamprea cualquiera. Hay quien dice que es la más sabrosa, porque tiene músculo de tanto remontar aguas y pelear contra corriente. Porque tiene fibra y sabor muy especial en sus carnes. Porque tiene el sello de garantía (imaginario) de "Lamprea de Arbo", o "Lamprea de Melgaço" (que también puede ser). Y si el mes es abril, hay quien dice que entonces hay que caerse obligatoriamente por Arbo y comer allí, in situ, con las recetas de cocina tradicionales llevadas al rigor supremo en la confección del plato, esa lamprea en su punto, en su mejor momento...

A mi me es igual (aunque doy fe que la que tengo comido en Arbo ha sido insuperable) que sea de Arbo o de Caminha, de Goián o de San Pedro da Torre... lo importante es no perder un año, a ser posible claro está, sin dar cuenta de un buen plato de lamprea, con arroz y picatostes acompañando, como gustan de ponerla en Arbo; en forma de arroz de lamprea -como gustan en muchos lugares de Portugal-. Y no hablemos ya de esa lamprea seca, enrollada, que en Arbo saben preparar del mejor modo y que sirve para matar saudades cuando se adentra el verano y ha quedado atrás la temporada oficial.

El caso es que, en general, este año, salvo excepciones, a los aficionados a dar cuenta de la anual lamprea, la peste esta que nos ocupa, ha hecho por todo lo alto la puñeta. Es evidente que el maldito bicho ha puesto patas arriba todo. Hasta estos placeres incomparables de la lamprea en una buena mesa. ¿Y ahora qué?. Ahora nada. Un año perdido para nuestros paladares...
Si al menos esto ha servido para que las lampreas este año se reproduzcan más y mejor y que ello suponga abundancia para años venideros... aún vale la pena que los gastrónomos hayan tenido que quedarse en casa. Pero... ¡qué se yo, pobre ignorante, si esta obligada abstinencia habrá servido o no para eso...!.
EMILIO FRANCO

Arroz de lampreia, preparación al estilo que más gusta en Portugal.

Así la sirven en Arbo, seca y enrollada con ensaladilla como acompañamiento.
Pero fundamentalmente (platos del centro) cocinada como allí bien saben de modo
exquisito en la cazuela de barro, acompañada del arroz blanco y los picatostes