"...un país empeñado -desde la acción de políticos de muy bajo nivel- en enfangarse..."

La situación política en España derivada del proceso que ha tenido durante ¡8 meses! el país patas arriba, no puede ser peor. 
La solución hallada por el doctor Sánchez para formar un Gobierno no es, precisamente, la que desearían la mayoría de los españoles -desearían un gobierno de concentración- en unas circunstancias como las actuales que vive España.
Pero, también hay que decirlo : a esa situación también se llega, igualmente, no solo por culpa del doctor Sánchez y su obstinación en matrimoniar con extremistas de izquierda e independentistas. Tanto en PP como en Ciudadanos (que pudo en tiempos de Rivera haber conformado una mayoría con los socialistas) ha habido planteamientos erróneos en todo este proceso. Vieron más hacia su ombligo que hacia los intereses generales de España.
Y así, entre todos, con gran contento de extremistas e independentistas, ha acabado todo como acaba. Y a partir de aquí, ya veremos qué acontece, cuando perspectivas de nubarrones notables están en el ambiente.

Se llega así a un punto y final, a un punto de arranque para un nuevo Gobierno, en medio de una crispación absoluta, en un panorama político dividido en dos mitades tremendamente enfrentadas. Con acusaciones e insultos como moneda corriente de uso, con amenazas y proclamas, con descalificaciones permanentes, con basura, demasiada basura agitada por ambas partes, lo que a parte alguna conduce, salvo al caos y al guerracivilismo.

Tercera investidura para Sánchez; a la tercera va la vencida, en el que pasará a la historia como un pírrico triunfo y después de un multipacto al precio que sea, lo que condicionará tremendamente su acción de Gobierno. Su entreguismo lamentable derivará tarde o temprano en situaciones muy comprometidas -en el mejor de los casos- y ya veremos las consecuencias que para España va a tener.
Pero tampoco ayudará nada la posición que tomará el otro bloque, la otra mitad política del país, que ya en el debate de investidura y en otras acciones públicas manifestó un talante drástico, de enfrentamiento abierto que se anuncia además permanente, lo que será muy lamentable al entender esos políticos que moderación no vale al caso, pues -según ellos erróneamente interpretan- no puede ser sinónimo de la necesaria firmeza.

Claro que oír a socialistas y extremistas de izquierda lamentándose de la actitud de los que ellos llaman "las derechas", cuando los primeros son expertos en algaradas callejeras y en dinamitar situaciones políticas -como es bien sabido- tampoco es de recibo. 

Hay, infelizmente, una situación política muy grave en España que solamente tenía una opción realmente válida de Gobierno, uno de concentración, de salvación nacional -llámele como quiera-, integrado por un gran bloque central, desde el PP hasta el PSOE incluídos. Esa mayoría grande, más que suficiente, habría sacado a España del atasco, habría puesto orden en medio de tanto desorden; habría reconducido el tremendamente dividido panorama político actual a claves de acercamiento, de entendimiento, de tender puentes...

La opción actual no es la mejor para España. Divide, no une. Y en el lenguaje de no pocos de los integrantes del nuevo Gobierno de Sánchez está la mejor prueba de ello. Pero tampoco en la actitud de lo que pasa a ser el bloque de la Oposición hay el mínimo de mesura deseable, de templanza, para ayudar a que este país avance.

La izquierda radical va a agitar el alma de este nuevo Gobierno en España. Con las consecuencias que de ello se deriven. Oír minutos antes de las 12, a uno de los que será ministro en horas siguientes, arremetiendo a sus anchas contra "las Derechas", es la elocuente tarjeta de visita de un Gobierno en donde aquello de "gobernaremos para todos los españoles", si llegasen en algún momento a decirlo, más que posiblemente no será al final verdad. Y ello hará, en efecto reflejo, en bucle permanente, que aumente la agitación en lo que los nuevos gobernantes llaman "las Derechas".

Llegamos así, tras un proceso político kafkiano y desarrollado durante mucho tiempo, a una España política dividida en dos partes "las Derechas" y... "las Izquierdas". Y a partir de ahí, a la mayoría de los ciudadanos españoles (que no están embadurnados con la actual basura política que flota sobre las aguas) les toca aguantar lo que venga, les toca nadar para salir adelante, les toca soportar las consecuencias de un país empeñado -desde la acción de políticos de muy bajo nivel- en enfangarse en un pantano con peligrosísimas arenas movedizas.

LUIS ARTIME

Socialistas y Comunistas, tras meses y meses tirándose los trastos a la cabeza, acaban matrimoniados.

Share: