Poio. Muere el legendario restaurador Pepe Solla. Evocación

José González Solla, Pepe Solla, ha muerto. Tenía 91 años.
Los que pasaron por su excepcional restaurante, en Poio, le recordarán con indudable afecto. Porque afectuoso era y multitud de amigos hacía entre los allí comensales. Trataba muy bien a la gente, no solo con las comidas de enorme calidad que servía, sino también por su afabilidad y esmero en todo momento mostrados.
Fue en 1961 cuando en unión de su también inolvidable mujer, Amelia, abrió Pepe aquel restaurante que pasó muy pronto a ser una referencia en la zona de Pontevedra-Poio y enseguida en Galicia. Sería luego, en 1980, cuando logró -por primera vez un restaurante gallego- la estrella Michelín. Pero Solla no necesitaba de esto último para acreditar su fama y valía que se extendieron muy rapidamente incluso fuera de nuestras fronteras.
Los padres de Pepe Solla tenían una pequeñita casa de comidas, una especie de merendero. Parece que la tortilla que servían era única en muchos kilómetros a la redonda. Y los vinos del Condado y Ribeiro que la acompañaban no eran cualquier purrela... El hijo de aquellos pioneros, el fallecido este domingo, José González Solla, apostó por continuar y mejorar la tradición familiar. Pidió a sus padres que le cedieran el local donde iba a instalar el restaurante y ya, luego, todo vino rodado. Porque Pepe y Amelia tenían especial mano para lo que se proponían. Basaron todo en la materia prima de enorme calidad, de mariscos inmejorables, de pescados que, de frescos, casi saltaban en los fogones... La fama se extendió rapidamente.
A fines de los 70, un grupo de periodistas celebramos allí una comida colectiva. Aquel lenguado "meuniére" adornado con colitas de cigala y zamburiñas, bautizado con una salsa tan especial como la que le ponían en la "Casa Solla" de entonces... sigue presente en mis recuerdos y solo pensar en ello se me hace la boca agua. Eso resultaba pasar por aquel templo del inmejorable comer que era "Casa Solla" de la mano del bueno de Pepe (q.e.p.d.).

Pepe Solla que, dígase en justicia, fue un innovador en su tiempo, introduciendo en su carta novedades en aquellos sus iniciales años, como el "souflé" y otros postres que a la concurrencia siempre enganchaban.
Se comía no bien, de maravilla, en Casa Solla, de la mano de quien este domingo se nos ha ido para siempre. Pepe fue muy reconocido en su tiempo (ahora el restaurante está de la mano de su hijo, Pepe Solla también, altamente valorado entre los entendidos de la moderna cocina). Distinguido no pocas veces,  fue presidente de la Asociación de Amigos de la Cocina Gallega, miembro del Club de Leones, premiado por este organismo y por la famosa Peña de la Boina, recibió el premio Amigos de Pontevedra en 2011. El Gobierno de España le concedió en su día la Medalla del Trabajo.
Los restos mortales de José González Solla están siendo velados en el Tanatorio San Marcos, en Poio. Habrá una misa funeral por su alma, a las 12 de la mañana de este martes, en la iglesia de San Salvador de Poio.
EUGÉNIO EIROA

Apunte hecho en su Facebook, por el famoso cocinero 
y restaurador Pepe Solla, hijo
del fallecido :
Como un libro. Como un libro, así es la vida; un día empezamos a escribir páginas en el, pero algún día tenemos que terminarlo, que cerrarlo; ayer Papá escribió su última página, pero lo que me importa son las líneas que dejó escritas.  Papá, junto con Mamá, se antojó y se empeñó en escribir unos cuantos capítulos de la gastronomía en Galicia, y así es como le vamos a recordar, como una persona de la gastronomía, ademas, una persona elegante, un señor de la restauración, con mayúsculas.
Tal vez ahora muchos me conozcáis a mi, pero os debo aclarar, yo soy quien soy gracias a mi padre, él me lo enseñó todo, y no hablo de cocinar, eso es lo más fácil de mi vida, el me enseñó lo que de verdad importa, por lo menos a mi; desde pequeño le veía vestirse cada día con su traje, para salir a la sala, para cada pase, como un señor que era, nudo doble en la corbata, yo nunca fui capaz de hacerlo, ¿y para que?, si no sería capaz de lucirlo como él, con ese porte, elegante, señorial, sobrio, el gran anfitrión, convincente y decidido, aún con sus miedos, que todos los tenemos, pero él irradiaba seguridad, y templanza, lo que ahora decimos saber estar; pues si, sabía estar, y eso lo es todo en la vida, saber estar y esperar tu momento; no es fácil enseñarlo, pero el lo intentó, siempre, conmigo y mis hermanos, y lo hacia con el ejemplo, que de palabra es más fácil, pero más frágil, y así no se aprende.
Muchas lecciones, muchísimas, pero sin duda, la más importante, la sonrisa; el siempre tenía una sonrisa en su cara, tanto para los que le querían como para los que no, porque en esta profesión, y en el mundo no hay nada más importante que sonreír, a la vida se le gana con una sonrisa, y al mundo también, y el ganó su vida.
Soy quien soy porque me han dejado ser, otra lección más, ser capaz de dar paso, de darte valor, de sentirte importante, y valioso, y él, junto con Mamá, lo hizo.
 
Se fue Pepe Solla, si, Pepe Solla, porque yo soy el hijo de Pepe Solla; no os confundáis, no lo olvidéis, él era Pepe Solla.
Si estos días os acercáis a mi, prefiero que lo hagáis con una sonrisa y un abrazo, que me dará más aliento y ánimo que una cara triste o unas lágrimas, que de esas ya vamos sobrados...
 
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Pepe Solla, en un homenaje que le hicieron en el 2014

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