Joaquim Bastinhas, el repórter Emilio y el guardian de las puertas del Cielo. Apunte con tinta de obituario

Joaquim Bastinhas clavando un par a dos manos este pasado agosto
en la plaza de Figueira da Foz (Foto de Pedro Batalha)
Cuando la temporada taurina cada año está llegando a su fin, cuando el verano queda ya atrás, en la hermosa y fronteriza ciudad de Elvas, al lado de Badajoz, tienen por lo general cada año programadas un par de corridas de toros. Fue así como en el final de la temporada 2018, allí, en la arena del estupendo Coliseum cubierto, se dio cita el legendario cavaleiro Joaquim Bastinhas, ante su público más incondicional, el de su tierra de Elvas, Campo Maior y aledaños. Bastinhas venía de un calvario de operaciones quirúrgicas que le habían apartado de los ruedos en temporadas precedentes tras una desgracia de la que fue víctima en la finca de su propiedad. Parecía el veterano cavaleiro, por fin, estar saliendo de la mala suerte que llevaba un tiempo persiguiéndole... En Elvas, en este 2018 que queda atrás, fue aclamado, como antes en Figueira da Foz, en los dos o tres lugares en donde por fin había reaparecido puntualmente.
En aquella noche de Elvas, antes de recibir el primer toro, Bastinhas -en plena boca de riego de la plaza- hizo cuestión de abrazar a su hijo, el también torero Marcos Bastinhas, en un acto simbólico en el que el maestro parecía decir al alumno : he vuelto para darte las últimas lecciones, aún tenemos tiempo por delante, gracias por haberme soportado en este calvario que queda atrás... Más o menos eso vino a decir, al parecer, Bastinhas a su hijo, en medio de una ovación generalizada del público. A dos pasos de los dos cavaleiros, testimoniando el momento para la posteridad, un clásico de la fotografía taurina y de la Prensa en Portugal, un repórter de los más grandes en las últimas décadas : Emilio.
Joaquim Bastinhas
Hoy, ya enero de 2019, ni Joaquim Bastinhas, ni el repórter Emilio están en el mundo de los vivos. En apenas unos días de diferencia, ambos se nos han ido...
Terminada la temporada 2018, a Bastinhas le siguió persiguiendo la desgracia. Entró en un quirófano para serle extirpado un pólipo intestinal y ya no salió con vida, tras meses luchando contra una bactería infecciosa allí adquirida... moría en el fin de año.
Al gran fotógrafo, Emilio, apenas le quedaban unos meses de vida tras haber fotografiado el abrazo de los Bastinhas. Llevaba 6 años peleando contra un cáncer y este acabó por rematarle en la primera quincena de enero...
Bastinhas y Emilio están, ahora, en el Más Allá. Al entrar, Joaquim mostró a San Pedro la foto que Emilio le había hecho, en el abrazo reciente con su hijo Marcos en la plaza de Elvas, en aquella aún reciente noche memorable del Coliseum al que ahora quien dar el nombre de "Joaquim Bastinhas". Tras ver la foto, parece que San Pedro dijo algo así cómo : bueno, siendo así, llevándote usted así de bien con tu familia, pasa hombre, no hay problema...
Emílio, el gran repórter que marcó una época en la Tauromaquia
Pocas fechas después, a las puertas del Cielo, llamaba con aquella su sonrisa beatífica, el reporter Emilio. San Pedro no le dio opción a decir nada; pues el mismo diría de súbito : ¡coooño, aquí está el Emilio, el de la foto de los Bastinhas en otoño en Elvas... pase hombre, pase, que nos hace usted mucha falta aquí, para retratista oficial de todo cuanto pasa en los cielos... Venga, p´adentro, que hay mucho trabajo atrasado!...
Sonrisas -para descontraer- aparte, el beatífico Emilio siempre tuvo bien ganado el Cielo. Todo aquel que le conocía sabía de sobra la clase de persona que era; un tipo merecedor de respeto y afecto, plenos; una muy buena persona donde las hubiere...
¿Y qué se puede decir de Joaquim Bastinhas, un auténtico revolucionario del Toreo a caballo?.
Si Mestre Batista (q.e.p.d.) fue un precursor en estos territorios de romper los cánones en la patria del Toreo a caballo, Joaquím Bastinhas sería -definitivamente- el que marcó toda una época, treinta años -más menos- de un Toreo que no solo arrastraba muchísima gente a las plazas, sino que garantizaba que la Tauromaquia, además de ser un Arte, bien podía jamás dejar de ser un espectáculo. 
Y es que con Joaquim Manuel Carvalho Tenório, alias Joaquim Bastinhas, el espectáculo estaba siempre garantizado, tal era su empeño, su condición, su entrega, su profesionalidad a prueba de bombas... Y puedo de ello dar fe, cuando le vi, hace muchos años, décadas atrás, en sus inicios casi, en la plaza de toros de Póvoa de Varzim (entonces con un sector vedado al público por amenazar ruina) en una corrida tradicional que entonces, en Póvoa, se organizaba por las fiestas de San Pedro. Aquel día, un toro empotró a Bastinhas y a su caballo contra la barrera y... Joaquim Manuel se destrozó una pierna. Bastinhas se ató dos tablillas en los laterales de su pierna herida, subió de nuevo al caballo, y en medio de una evidente expresión de intensísimo dolor, citó al toro y le clavó aquella farpa final en todo lo alto... para luego irse -en la camilla de los Bombeiros Voluntarios de Póvoa- camino del hospital más próximo. Así era Bastinhas, nada había que le detuviese.
Tal vez por eso, cuando llegó a las puertas del Más Allá y se encontró con San Pedro, este, tras decirle que podía pasar, le apostilló : no hacía falta que me trajeses la foto de septiembre con tu hijo, en Elvas. Yo estuve en Póvoa de Varzim, en aquella corrida de las fiestas que cada año por los santos populares me dedican los(as) poveiros(as), cuando con la pierna rota te subiste de nuevo al caballo... y, no debería de decírtelo, pero desde entonces yo era admirador tuyo...
EUGÉNIO EIROA
Fotos : Pedro Batalla y Farpas
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