Con la debida venia del autor, también de los buenos amigos del gran colectivo iberista, publicamos a continuación un interesantísimo reportaje de Pablo González Velasco, a propósito de la reciente presentación del libro titulado : Iberofonía y Paniberismo. Definición y articulación del Mundo Ibérico” . 
Desde RÍAS BAIXAS TRIBUNA, cuyo director EUGENIO EIROA siempre ha sido a lo largo de su vida personal y profesional un rotundo ejemplo de esfuerzos continuados en favor de la intensificación de las relaciones a todos los niveles entre España y Portugal, no podemos por menos que saludar muy especialmente todo aquello a lo que Pablo González Velasco en su relato nos lleva, constatando, de paso, que cada vez son más las personas de todo tipo y condición, que creen en ambos países que deberían de darse muchos más y más importantes pasos en común, desarrollando múltiples acciones en conjunto que solamente reportarían beneficios a primera vista ya notables, para ambos lados de la llamada "raia"/"raya".
Quedense ahora con el texto que nos ocupa...
"EL DESBORDAMIENTO IBERÓFONO DEL PROCESO IBEROAMERICANO. A PROPÓSITO DEL LIBRO DEL NUEVO LIBRO DE DURÁNTEZ PRADO"
Más de un lego en la materia pensará al leer este posmoderno incunable, titulado: Iberofonía y Paniberismo. Definición y articulación del Mundo Ibérico” (2018) y editado por Última Línea, con apoyo de la OEI, OIJ, OISS, COMJIB y Fundación Santander, que cabe ubicarlo en el género de literatura fantástica. Lo cierto es que no es literatura, y si es fantástico es por su genialidad, y no por un supuesto carácter ficcional. La fuerza de esta proyección utópica estriba en su sólida base histórico-cultural-lingüistica y su progresiva confirmación práctica contemporánea, ayudada por las tendencias globalizadoras y los agentes activos iberoamericanistas y paniberistas. Basta asimilar el inapelable argumento paniberista de que el portugués y el español son “las únicas grandes lenguas internacionales recíprocamente comprensibles en líneas generales”, para darse cuenta del valor que entraña esta hipótesis descubierta, desarrollada y guardada como oro en paño por el doctor Frigdiano Álvaro Durántez Prados (Madrid, 1969). No hay flanco débil para la crítica. El autor domina el arte de la dialéctica, y como tal, se sabe todas las posibles antítesis. Están todas estudiadas.
iberofonia y panMuchos se preguntaron y se preguntan por qué clase de condena histórica pueblos hermanos, como los de raíz ibérica, deben estar mediados por una desconfianza. Imagínense si sumamos la posibilidad de superación definitiva de dicha incomprensión política y diplomática a la potencialidad objetiva de la intercomprensibilidad de ambas lenguas, especialmente en lecturas, como se demuestra en el día a día en las redes sociales. Pues bien, la propuesta pan-ibérica deslumbra a propios y extraños, y no sólo a recién llegados, sobre como los caprichos de la historia han conspirado contra una proyección plenamente lógica y racional. Pero lo que demuestra Durántez Prados es que dichos caprichos son superficiales, más aún en tiempos de la globalización de las comunicaciones, que funcionan como una suerte de catalizador de procesos transnacionales, rompiendo las estrechas y obtusas concepciones nacionalistas o superando los corsés del exclusivismo iberoamericanista o lusofonista. Lo cierto es que inconscientemente el proceso iberoamericano y el proceso lusófono han ido alimentando lo que, sin desmedro de esos procesos, es inevitable: la universalización policéntrica panibérica, es decir, el reencuentro de África y Asia, de raíz ibérica, con Iberoamérica. Y con ellos, la valorización de estos continentes por encima del eurocentrismo y del americentrismo. No tienen sentido las excepciones geográficas. Cabe destacar el papel simultáneo, que ejercen en la comunidad iberoamericana y la CPLP, los países: Portugal, Brasil y Guinea Ecuatorial.
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La biografía paniberista del autor, que nos muestra en fotografías, supone toda una exclusiva de quien actuaba, hábil y sigilosamente entre bambalinas, sin que otros actores consiguieran detectar y conectar sus actuaciones como una estrategia sostenida perseverantemente en el tiempo. Con cierta malicia alguien podría decir que sólo parecería ser posible haber conseguido tener una biografía tan exquisitamente coherente con su obra si don Frigdiano Álvaro hubiese hecho la trampa de haber viajado del futuro al pasado, tras la elaboración de esta obra, para hacerse las fotos y los registros de documentación. Cierto es, permíteme la broma, amigo Álvaro, que la galería de fotos no ayudaría a desmentir la hipótesis de que vienes del futuro, dado que compartimos una precoz calvicie. Pero tal vez sea, esta, la cicatriz de una larga y sacrificada batalla de ideas. Recuerdo cuando nos vimos por primera vez hace poco más de dos años en una cafetería de Madrid, cerca de la avenida Filipinas, y te mostraba la agenda del nuevo movimiento iberista, así como un hallazgo personal: el hispanotropicalismo de Gilberto Freyre. Te enseñé el libro de este escritor brasileño O Brasileiro Entre Os Outros Hispanos: afinidades, contrastes e possíveis futuros nas suas inter-relações (1975), que ya estaba entre tus lecturas desde tus tiempos de joven investigador en Lisboa. Al fin y al cabo, como Freyre, Durántez Prados no deja de ser un futurólogo. Ha sabido como nadie leer el futuro porque ha entendido inclusivamente el pasado. Sin complejos. Abrazando todas las ventajas de ese acervo civilizacional compartido.
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El jueves 25 de noviembre de 2018 se presentó el libro en un acto solemne de la Casa de América (Palacio de Linares), reuniendo a más de cien personas, haciendo las veces de una simbólica bisagra entre dos etapas de convergencia. Una bisagra entre lo que ha sido una primera exitosa convergencia iberoamericana y la “segunda y definitiva convergencia multinacional iberófona”. Se trata de una anticipación de lo que parece imparable. Más allá de la solemnidad de una platea representada por el cuerpo diplomático pan-ibérico, sus organismos de cooperación y los representantes del movimiento iberista (mPI e Íber), sobrevoló en el ambiente un ánimo constructivista compartido, lo que supone un verdadero pistoletazo de salida para la segunda etapa, la netamente iberófona, que, a su vez, suponga un relanzamiento del espacio iberoamericano, del espacio lusófono y de las relaciones triangulares entre Iberia, América y África. En este sentido se hace más necesario que nunca, por la crisis del mediterráneo y por el olvido de las últimas décadas, incorporar una visión estratégica permanente hacia África, con prioridad para los países de lengua ibérica. El catedrático brasileño y ex director de la Organización de Estados Iberoamericanos Paulo Speller ha protagonizado varios hitos panibéricos en los últimos años, ejerciendo de “piedra angular”, en perfecta coordinación con Durántez Prados, lo que demuestra la potencialidad que Brasil adquiere cuando asume un papel mediador. La historia del paniberismo guardara a este ilustre brasileño un lugar destacado.
Frigdiano Álvaro Durántez Prados ha guardado durante más de dos décadas el secreto geopolítico mejor guardado. No es que lo ocultase. Todo lo contrario. Fue publicando y registrando artículos, ensayos o su propia tesis doctoral de premio extraordinario. Su obra estaba disponible para todo aquel que la quisiese encontrar, pero no fue masivamente difundida por una cuestión de tempo y prudencia. Durántez Prados, como buen estratega, sabía que debía tener paciencia para llegar al momento adecuado para romper los huevos de esta innovadora tortilla iberófona. Y había que hacerlo bien, a fin de que no fuera abortada ni rebatida, como buen perfeccionista que es.
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“Iberofonía y Paniberismo. Definición y articulación del Mundo Ibérico” es, por decirlo mal y pronto, la biblia de la convergencia multinacional de los países de lengua portuguesa y española. El autor ha querido agotar el desarrollo de su hipótesis, validándola en la práctica, en primera persona como un agente activo, entre otros, clarificándonos los conceptos y abriendo esa puerta hacia la transición de lo iberoamericano a lo iberófono. Para ello Durántez Prados ha realizado un esfuerzo intelectual verdaderamente extraordinario, que, espero, algún día podamos reconocerle en toda su dimensión. El jueves 25 de noviembre de 2018 fue el momentum de su carrera intelectual de hormiguita, como lo demuestra su minuciosa labor de elaboración y registro, bajo propiedad intelectual. El profesor catedrático de Historia de América Mario Hernández Sánchez-Barba nos advirtió de ello hace unos años: “quedamos a la espera de la gran obra definitiva del doctor Durántez”. Pues bien, una vez parido el proyecto y abierto en canal, toca que la inteligentzia de los países de lengua portuguesa y española, que sabemos que han recibido ejemplares, se pongan de acuerdo en un proyecto equilibrado y de beneficio mutuo. Y ese es el gran valor de la obra: su neutralidad (por encima de izquierdas y derechas), su firmeza, superando determinadas interpretaciones restrictivas y excluyentes de la hispanidad, y encontrando en la complementariedad un círculo virtuoso intercontinental entre lo hispano y lo luso. La obra nos regala también un espíritu cartográfico que nos llena de ilusión, aventura y sueños, típicamente juveniles, dentro del marco de proyección humanista que bebe de nuestra tradición renacentista.
El autor imprime su carácter en un proyecto ibérico ecuménico y humanista, que se reconoce en la historia intercontinental de la Península Ibérica. Estudioso de Portugal y la lusofonía, y consciente de las resistencias, está empeñado en hacer valer el carácter verdaderamente inclusivo del espacio multinacional panibérico o iberofonía. Amigo del nuevo movimiento iberista y promotor de la inclusión de Andorra en el espacio iberoamericano, ha sido quien ha identificado el papel estratégico de esta nación ibérica en el concierto iberófono e ibérico de naciones, como todo apunta que se demostrará en la Cumbre Iberoamericana de 2020.
La Iberofonía es una nueva diplomacia que cataliza el proceso comunicativo tectónico, transoceánico e intercontinental panibérico, atropellando, desbordando, superando y empeñeciendo toda lógica separatista, presuntuosamente nacionalista, y toda lógica neoimperialista de las metrópolis, presuntuosamente eurocentristas. La Iberofonía también es una nueva escuela de pensamiento que probablemente cambie los destinos de nuestros pueblos. Y quien sabe si se convertirá en una nueva disciplina a estudiar en nuestras universidades, donde se explique el proceso y la propuesta, con toda su conceptualización: iberofonía, paniberismo y paniberofonía, de forma interdisciplinaria, con especial relevancia de los estudios lingüísticos, geopolíticos, económicos y antropológicos.
Es extremadamente importante que todo este marco general académico, discursivo y fáctico, que constituye todo un ofrecimiento sinceramente lusófilo, sea defendido como propio por los sectores portugueses que comparten, en privado, dicho marco para que convenzan, a los sectores más suspicaces, de la oportunidad que supone para Portugal esta internacionalización pan-ibérica. Por eso el autor dedica un apartado a la “sensibilidad portuguesa”.
Pasando desapercibido, Durántez Prados ha ido tenazmente cavando un túnel sobre los pies de nuestra diplomacia, no para socavarla, sino para relanzarla, en el marco de un reencuentro ibérico sólo comparable con aquel memorable Tratado de Tordesillas (1494). Por último, nuestro geopolitólogo nos deja el siguiente recado para que nuestras diplomacias, nuestros gobiernos y nuestras sociedades civiles asuman una agenda panibérica y pasen a la acción:
“Es hora, por tanto, de que esas diplomacias afronten con altura de miras este desafío ineludible –unas, superando sus complejos históricos; otras, evitando la tentación de la instrumentalización; las demás, reparando simplemente en la existencia y la potencialidad del Espacio de la Iberofonía– Porque es un reto, una tendencia y una propuesta que redunda en beneficio de todos los pueblos de lenguas española y portuguesa del mundo y de la Comunidad Internacional en su conjunto” (…) “Se trata de un conjunto multinacional que agrupa a más de 800 millones de personas y una treintena de países de todos los continentes, que constituye el primer espacio lingüístico del mundo, y que representa la quinta parte de la superficie del planeta, así como la décima en términos demográficos”.
Pablo González Velasco