19 sept. 2017

In memoriam : "el profesor González", el amigo que hizo de la fidelidad y el compromiso personal un rumbo indeclinable



"¿Cuantos caminos una persona
debe caminar, antes de que lo
llames un hombre...?"

Fernando González González (d.e.p.)
En este septiembre de tiempo revuelto, con el otoño llamando a la puerta, hemos dicho hasta siempre, a un buen amigo. A uno de los no muchos que honran lo de "profundamente amigo de sus amigos", que hacen de la amistad un compromiso de fidelidad a ultranza. Tocó en el inicio de la tercera semana de septiembre decir hasta siempre a Fernando González González, todo un personaje del Vigo de fines del siglo XX e inicio del XXI. 
Conocido popularmente por "el Chato", Fernando lo fue casi todo en el Vigo de su tiempo, bien a pesar de que ha muerto joven, 67 años, víctima de cruel enfermedad. 
Fernando González fue el protagonista de una infinidad de situaciones, derivadas de las innumerables ocupaciones que tuvo a lo largo de décadas. En sus protagonismos, a veces erró, pero muchísimas más veces acertó, su trabajo resultó eficaz, brillante, admirable no pocas veces. Solo los que tuvimos la satisfacción de acabar siendo sus amigos, sabemos que detrás de aquella apariencia tosca, o no demasiado convencional, estaba un tipo brillante en lo que tenía a su cargo, capaz, tenaz, convencido de lo que hacía y, preparado, muchísimo más preparado de lo que no pocos estúpidos le presuponían.
Fernando González González era un admirable devorador de la actualidad, que subrayaba, analizaba, interpretaba y asimilaba diariamente, hasta el extremo de ser uno de los gallegos mejor informados que he conocido. Así lo fue casi hasta el final de sus días. Para Fernando, los días tenían 24 horas y el las exprimía el máximo, fuese cual fuese en cada época su ocupación principal. 

"¿Cuantos mares una paloma blanca
debe navegar, antes de que duerma
en la arena...?"

Me niego a pormenorizar aquí todo lo mucho que fue Fernando González, mi amigo "el profesor González" -como yo le decía cuando con sus acertados análisis me acompañaba en la Radio no pocas veces-. El me lo reprocharía, me diría que eso no tiene importancia. Y en parte tendría razón : porque para el no era importante ser esto o aquello, sino desempeñar a conciencia y bien como esto o aquello; que es muy diferente. Allá donde Fernando se embarcó, puso siempre sus cinco sentidos, su volcarse hasta lo indecible... para el no había imposibles, sino el vamos a ello, vamos a intentarlo...
Jugador de fútbol, entrenador de fútbol, profesor de la escuela de entrenadores, directivo, presidente, delegado federativo, dirigente en todos los escalones del fútbol... lo fue todo en el mundo del balompié.
Técnico, delineante, gestor administrativo, sindicalista de pro... las relaciones empresa-trabajadores las dominó, como muy pocos de su tiempo en el sector naval supieron hacerlo.
Impulsor de movimientos vecinales y asociativos, derivó en político activo : sería concejal en el ayuntamiento de Vigo, elegido en las filas del Partido Socialista. Y valor muy importante en la estructura local de ese partido en el tiempo de Carlos Príncipe.
Inolvidable su etapa en el Real Club Celta. En teoría era el "Jefe de Seguridad"; en la práctica era todo, una especie de sub-gerente, un todo-terreno eficacisimo, al que no le bastaba con montar un operativo de seguridad y de organización de partidos de fútbol que fue elogiado y envidiado en toda España, sino que vivía y escrutaba de la mañana a la noche todo lo que estuviese relacionado con la actividad diaria del Celta; difícilmente se le escapaba detalle. Era tal su intensidad y dedicación, que los de la tintorería a la que enviaba su ropa, ya no le llevaban las camisas o los pantalones planchado a su casa, se los llevaban al sencillo despacho, lleno de miles de fotocopias, planings y detalles de bien organizado, que en Balaídos tenía.

"¿Cuanto tiempo tienen que volar 
las balas de cañón, antes de que
sean prohibidas para siempre...?"

Fernando González fue un baluarte en el Real Club Celta durante no pocos años. En los brillantes tiempos de Horacio Gómez, en los del verdadero EuroCelta, detrás, entre un gran equipo de colaboradores, estaba aquel hombre comprometido, fiel, capaz, esforzado al límite, llamado Fernando González.
¿Donde estaba la clave del éxito en el desempeño de Fernando?. En que era un formidable autodidacta, que robaba horas al sueño para documentarse, para instruirse, para buscar o comprar un libro que hiciese falta, para contratar un servicio de apoyo que mejorase lo que el Celta pretendía... Por eso, cuando los interlocutores de la Liga o de la UEFA venían, cuando un mando policial se le acercaba en una reunión, se sorprendían viendo salir de la carpeta que portaba Fernando, copias de circulares, o disposiciones, que ellos iban aquel día a mostrarle en una reunión de trabajo.
---En casi todo, llegaba cinco minutos antes, sorprendía muchas veces a su interlocutor...
A la salida del funeral de este martes, eso decía un amigo de años, que conocía muy bien cómo y de qué forma supo desempeñar Fernando González en el Celta. 

"¿Cuantos años puede existir una montaña,
antes de que esté descolorida por el mar...?"

Ahora que se ha ido, ahora que ya no está, no tengo yo impedimento alguno para no desvelar lo que -en vida- le prometí no desvelar jamás. Un buen día, uno de los 3 clubes más grandes del Fútbol español se fijó en lo que Fernando González venía haciendo en el Celta. Y tentó a Fernando para irse a hacer en un estadio y ciudad mucho más grande, todo lo que hacía cada semana de partido en Balaídos. Fernando rechazó una oferta ventajosísima económicamente mas el alquiler de una suntuosa vivienda... no dio opción a negociar siquiera. Lo supe por un amigo mío allegado al club en cuestión. Se lo dije a Fernando...
---¿Es cierto esto?
---Tan cierto como que lo rechacé de plano en el mismo momento en que me lo ofrecían.
Y tu dejarás de ser mi amigo, si cuentas esto a alguien. ¿Sabes por qué? : porque no hay nada más hermoso en la Vida que ser amigo de los amigos, ser fiel a una amistad. Yo soy amigo de Horacio Gómez. Y un amigo de verdad no abandona a otro amigo... por eso ni he querido oír hablar del asunto más allá de la propuesta rechazada. Pero tampoco quiero que esto llegue a oídos de Horacio ni de nadie; porque jamás usaría eso, para que el Celta me diese otras condiciones...
Ese era Fernando González González, fiel a la amistad verdadera, fiel hasta la muerte.

"¿Cuantas veces un hombre puede voltear la cabeza,
pretendiendo que el no ve...?
La respuesta, mi amigo, está soplando en el viento;
la respuesta está soplando en el viento."

Ahora, en este septiembre de 2017, Fernando González dejó esta tierra, donde hizo grandes amigos; muchos; pero -indefectiblemente- por ser amigo y fiel, comprometido con las causas a las que sirvió, acumuló unos cuantos enemigos. No me preocupan estos, ni a Fernando -tal y como era-. Me preocupan algunos que pasaron la mano por el hombro de Fernando mientras pudieron utilizarle y de el beneficiarse en los tiempos felices, pero que en los últimos años le abandonaron, le ignoraron... me preocupan estos, por sepulcros blanqueados, por falsos y judas. Allá cada uno con su conciencia: mejor es que no hayan puesto los pies en el emotivo funeral de Sárdoma, donde el organista tuvo el buen gusto de interpretar "Blowin´in the wind" a mitad de la misa; y el sacerdote, en su homilía nos recordó "a los amigos de verdad lo mucho que en tantas actividades públicas Fernando dejó hecho y para bien...".

¿Cuantos oídos debe tener un hombre,
antes de que pueda escuchar a la gente llorar?"

Las preguntas que el legendario Bob Dylan se hacía en su "Blowin´in the wind" nos las hacíamos algunos de quienes asistimos al funeral de Fernando. Carpetazo a una Vida. Intensa, profunda, generosa -porque en la amistad Fernando fue extraordinariamente generoso-, con momentos difíles, con amarguras, pero también con grandes satisfacciones. La simbología del sacerdote bendiciendo las cenizas de Fernando, en aquella urna que las contenía, depositada ante el altar central de San Pedro de Sárdoma, nos recordaba, sin embargo, que "La Muerte no es el final". Otra vez ahí, el organista, oportuno, hacía sonar las notas de la melodía compuesta por Cesáreo Gabaráin Azurmendi (que, cabe recordar, contra la ignorancia de algunos, no era militar, sino sacerdote)...

"Cuando la pena nos alcanza
por un hermano perdido
cuando el adiós dolorido
busca en la Fe su esperanza.
En Tu palabra confiamos

con la certeza que Tú
ya le has devuelto la vida,
ya le has llevado a la luz".

Descanse en paz Fernando González, amigo de sus amigos, que hizo de la fidelidad y el compromiso personal un rumbo indeclinable. ¡Que Dios le acoja en su seno!.

"Tú nos dijiste que la muerte
no es el final del camino,
que aunque morimos no somos,
carne de un ciego destino."

EUGÉNIO EIROA





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